Angélica Beltrán, Noticias de México
CDMX a 2 de junio del 2026 (Noticias de México).- El conflicto entre la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) y el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum ha escalado de forma significativa en las primeras semanas de junio de 2026.
El 1 de junio, la CNTE inició un paro nacional indefinido en varias de sus secciones más fuertes, acompañado de una megamarcha en la Ciudad de México y movilizaciones en estados como Oaxaca, Chiapas, Michoacán y Guerrero.En el centro de la disputa se encuentran demandas históricas del magisterio disidente.
La CNTE exige la abrogación total de la reforma educativa —tanto de la versión original de 2013 como de sus modificaciones de 2019—, la desaparición definitiva de la USICAMM, la derogación de la Ley del ISSSTE de 2007 para regresar a un sistema de pensiones solidario, un incremento salarial del 100% al sueldo base, la basificación masiva de plazas y el cumplimiento de acuerdos previos.
Los líderes de la Coordinadora han rechazado soluciones parciales o bonos temporales y han advertido que mantendrán la presión, incluso con posibles acciones disruptivas durante el Mundial de Fútbol 2026.Por su parte, el gobierno federal ha mantenido una postura de diálogo institucional.
A través de mesas de trabajo entre la Secretaría de Gobernación y la Secretaría de Educación Pública, las autoridades han mostrado disposición a atender demandas consideradas viables, como la eliminación de la USICAMM y la construcción de un nuevo esquema de carrera magisterial. Sin embargo, han marcado límites claros en materia presupuestal, especialmente respecto al aumento salarial del 100% y los cambios radicales en el sistema de pensiones.
La presidenta Sheinbaum ha insistido en que se buscarán acuerdos dentro del marco legal y financiero vigente.Este choque no es nuevo, sino la expresión de tensiones estructurales acumuladas durante más de una década. Aunque la reforma de 2019 eliminó el carácter punitivo de la evaluación docente y permitió una basificación masiva, la CNTE considera que persisten mecanismos de control estatal (como la USICAMM y los concursos de oposición) que limitan el poder sindical y los derechos laborales históricos.
Para el gobierno, se trata de equilibrar la profesionalización del magisterio, la rectoría del Estado y la sostenibilidad de las finanzas públicas.Los impactos ya son visibles. Miles de estudiantes han visto interrumpidas sus clases en el cierre del ciclo escolar, se han generado bloqueos y afectaciones viales en varias ciudades, y crece la preocupación por posibles repercusiones en la imagen internacional de México durante el Mundial.
Políticamente, el conflicto representa una de las primeras pruebas importantes para el gobierno de Sheinbaum en su relación con los movimientos sociales y sindicales de izquierda.Hasta el momento, el diálogo sigue abierto, pero la brecha entre las expectativas de la CNTE y las posibilidades reales del gobierno es amplia. El desenlace dependerá de la capacidad de ambas partes para construir acuerdos concretos y evitar una escalada que termine afectando aún más el servicio educativo y la estabilidad social del país.
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