Por Bruno Cortés
En medio de un problema que pocas veces se habla de frente, pero que sigue presente en muchas aulas del país, el diputado Felipe Miguel Delgado Carrillo, del Partido Verde Ecologista de México, puso sobre la mesa una iniciativa que busca cerrar de golpe los huecos legales frente a la violencia sexual infantil en las escuelas.
El planteamiento no es menor. Parte de reconocer algo incómodo: estos casos no solo existen, sino que muchas veces se ocultan, se minimizan o simplemente no se denuncian. Bajo esa lógica, la propuesta apunta a cambiar la manera en que reaccionan tanto las autoridades como el personal educativo cuando detectan una situación de riesgo.
La iniciativa gira en tres ejes muy concretos. Primero, hacer obligatoria la denuncia ante el Ministerio Público, es decir, que ningún caso pueda quedarse “en lo interno” de la escuela. Segundo, convertir los protocolos de actuación en ley, para que no dependan de la voluntad o criterio de cada institución. Y tercero, establecer sanciones claras para quienes encubran o actúen con negligencia. En palabras del propio Delgado, la lógica es sencilla: estos delitos no se negocian, se denuncian.
Detrás de esto hay un cambio de fondo en la política pública. Hoy, muchos maestros no denuncian por miedo, desconocimiento o falta de respaldo legal. Lo que busca esta reforma es darles herramientas y protección para que actúen de inmediato, convirtiéndolos en una primera línea de defensa para niñas, niños y adolescentes.
En la misma línea, la diputada Ana Erika Santana González subrayó que no basta con tener leyes en papel si no existen protocolos claros que acompañen su aplicación. La clave, dijo, está en capacitar a los docentes para que sepan cómo actuar, porque ahí es donde realmente puede empezar a frenarse este tipo de delitos.
El diagnóstico que comparten legisladores y especialistas es preocupante: una parte importante de los casos ocurre dentro de los propios planteles o en los trayectos entre la casa y la escuela. Por eso, la discusión no solo es legal, también es social, porque implica reconstruir la confianza en espacios que deberían ser seguros por definición.
El diputado Óscar Bautista Villegas insistió en que fortalecer estos mecanismos no solo protege a la niñez, sino que impacta directamente en su desarrollo educativo. Y es que un entorno inseguro no solo afecta emocionalmente, también limita el aprendizaje.
A la iniciativa se sumó el respaldo de académicos y docentes. Ildefonso Fabricio Peralta Pérez explicó que elevar los protocolos a rango de ley permitirá que dejen de ser recomendaciones y se conviertan en obligaciones reales. Por su parte, Andrea López Ramírez destacó que la confianza entre alumnos y maestros es clave para detectar y atender estos casos a tiempo.
En el fondo, lo que se discute en el Congreso no es solo una reforma legal, sino el papel que deben jugar las escuelas como espacios de protección. La apuesta del PVEM es clara: que ningún caso se quede sin denunciar y que los maestros tengan tanto la responsabilidad como el respaldo para actuar.
