Angélica Beltrán, Noticias de México
Hermosillo, Sonora a 20 de mayo del 2026 (Noticias de México).- La caza del bisonte americano en el siglo XIX: la gran matanza que casi extingue a la especieDurante el siglo XIX, el bisonte americano (Bison bison), también conocido como búfalo, fue víctima de una de las mayores matanzas masivas de animales en la historia moderna. De una población estimada entre 30 y 60 millones de ejemplares a principios del siglo, la especie quedó reducida a menos de mil individuos en estado silvestre hacia finales de la década de 1880, rozando la extinción total.
La caza indígena tradicional, que utilizaba prácticamente todas las partes del animal para alimento, vestimenta, herramientas y rituales, era sostenible. Sin embargo, la llegada masiva de colonos europeos cambió radicalmente esta dinámica.
La demanda comercial de pieles para la industria (especialmente correas para maquinaria), lenguas (consideradas un manjar) y, en menor medida, carne, impulsó una caza a escala industrial. Los cazadores profesionales, armados con rifles de largo alcance, podían abatir decenas o incluso cientos de animales en una sola jornada, dejando los cadáveres a pudrirse en las praderas.
Varios factores aceleraron la gran matanza que casi extinguió al bisonte americano
Varios factores aceleraron la gran matanza que casi extinguió al bisonte americano. La construcción de los ferrocarriles transcontinentales resultó decisiva: las vías férreas dividieron las enormes manadas en dos, facilitaron el acceso de cazadores a territorios antes remotos y permitieron el transporte masivo de pieles hacia los mercados del este.
Las propias compañías ferroviarias llegaron a contratar tiradores profesionales, como el legendario “Buffalo Bill” Cody, para abastecer de carne a sus trabajadores. Paralelamente, la expansión colonizadora transformó miles de hectáreas de ricos pastizales en tierras agrícolas y ganaderas, destruyendo el hábitat natural de la especie y reduciendo drásticamente su espacio de supervivencia.
Sin embargo, el factor más cruel fue la política deliberada del Ejército de Estados Unidos, que promovió activamente la matanza como una estrategia militar para someter a los pueblos indígenas de las Grandes Llanuras, cuya supervivencia dependía casi por completo del bisonte.
Generales como William Tecumseh Sherman y Philip Sheridan veían en la desaparición del búfalo la forma más efectiva y definitiva de forzar a las naciones nativas a confinarse en las reservas. De esta manera, la combinación letal de intereses económicos, expansión territorial y cálculo militar selló el destino de uno de los símbolos más emblemáticos de Norteamérica.
En México, donde el bisonte habitaba las planicies del norte (Sonora, Chihuahua, Coahuila y Durango), la especie también desapareció hacia la segunda mitad del siglo XIX por la misma combinación de caza excesiva, pérdida de hábitat y presión colonizadora.
La imagen icónica de montañas de cráneos de bisonte apilados para ser convertidos en fertilizante se convirtió en símbolo de esta devastación ecológica y cultural. La matanza no solo diezmó una especie clave para el equilibrio de los ecosistemas de pastizal, sino que destruyó la base material y espiritual de numerosas naciones indígenas.
Solo gracias a esfuerzos tardíos de conservación —como la creación de la American Bison Society en 1905 y la protección de pequeños rebaños en parques nacionales— la especie logró sobrevivir. Hoy, los proyectos de reintroducción en el norte de México, incluido Sonora, buscan no solo recuperar al bisonte, sino restaurar los procesos ecológicos que fueron interrumpidos hace más de 150 años.
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