La Ciudad de México dio un paso hacia la modernización de sus políticas de promoción cultural y educativa al aprobar reformas a la Ley de Fomento para la Lectura y el Libro, con el objetivo de incorporar de manera formal el uso de libros electrónicos como herramienta para fortalecer los hábitos lectores entre la población.
El dictamen, avalado por el Congreso de la Ciudad de México, deriva de una iniciativa presentada por el diputado Pablo Trejo Pérez y contempla modificaciones orientadas a reconocer jurídicamente los libros electrónicos, así como a impulsar estrategias de lectura mediante tecnologías de la información y la comunicación.
Durante la presentación del dictamen, la diputada Patricia Urriza Arellano, presidenta de la Comisión de Educación, Ciencia, Tecnología, Innovación e Inteligencia Artificial, destacó que México mantiene rezagos importantes en materia de lectura frente a otras naciones. De acuerdo con datos expuestos en tribuna, en el país se leen en promedio 5.83 libros al año por persona, cifra inferior a la registrada en países como Francia, Reino Unido, India y Estados Unidos.
La legisladora señaló que, aunque el porcentaje de personas que prefieren leer en formato digital se ha triplicado en años recientes, según estadísticas del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), los niveles generales de lectura continúan representando un reto para las autoridades educativas y culturales. Bajo este contexto, consideró necesario ampliar las herramientas disponibles para acercar los libros a más sectores de la población.
Las reformas establecen que las autoridades responsables de aplicar la ley deberán promover espacios de fomento a la lectura mediante el uso de tecnologías digitales. Asimismo, se otorga a las alcaldías la facultad de impulsar el uso de libros electrónicos en coordinación con la Secretaría de Educación, Ciencia, Tecnología e Innovación (SECTEI), con el propósito de ampliar el acceso a contenidos educativos y culturales.
Uno de los cambios centrales consiste en la incorporación de una definición legal de “libro electrónico”, entendido como una publicación unitaria, no periódica, de carácter literario, artístico, científico, técnico, educativo, informativo o recreativo, cuyo contenido se presenta y almacena en formato digital o puede consultarse a través de internet mediante dispositivos electrónicos.
Al razonar su voto, el diputado Pablo Trejo Pérez subrayó que la evolución tecnológica ha transformado los soportes de lectura, pero no la importancia de fomentar el conocimiento y la formación intelectual. El legislador afirmó que el tránsito del papel a las pantallas representa una nueva etapa en la democratización del acceso a la información y la educación.
Si bien la reforma busca adaptar la legislación a las dinámicas digitales contemporáneas, especialistas y promotores de lectura han señalado en diversos foros que el acceso a dispositivos electrónicos y conectividad continúa siendo desigual en distintos sectores sociales. En ese sentido, el éxito de estas modificaciones dependerá no sólo de su implementación normativa, sino también de políticas complementarias que reduzcan la brecha digital y garanticen que las nuevas herramientas lleguen efectivamente a la población.
Con esta aprobación, el Congreso capitalino apuesta por una estrategia que combina educación, tecnología y cultura para enfrentar los bajos índices de lectura en México. No obstante, el reto de convertir el acceso digital en una verdadera práctica lectora sostenida seguirá siendo uno de los principales indicadores para evaluar el alcance real de la reforma.
