La madrugada del 21 de febrero de 1978 comenzó como una jornada ordinaria de trabajo en el Centro Histórico. Una cuadrilla de la Compañía de Luz y Fuerza del Centro realizaba labores entre las calles de Argentina y Guatemala cuando encontró una piedra labrada de dimensiones inusuales.
Debajo del pavimento no había solamente un fragmento aislado. La excavación había alcanzado el monolito de Coyolxauhqui, una pieza circular asociada con la deidad lunar mexica. La escultura mide 3.25 metros de diámetro y pesa casi ocho toneladas.

El descubrimiento permitió observar una imagen monumental de Coyolxauhqui desmembrada. La composición se relaciona con el mito del nacimiento de Huitzilopochtli y con la derrota de su hermana. La ubicación de la piedra al pie de una escalinata del Templo Mayor no era accidental: formaba parte de la lógica ritual del recinto.
La escena resulta poderosa por su contraste. Sobre la superficie continuaba el movimiento cotidiano del Centro Histórico. Bajo una calle transitada permanecía una pieza central para comprender el espacio ceremonial de México-Tenochtitlan.
El hallazgo impulsó el Proyecto Templo Mayor, encabezado por el arqueólogo Eduardo Matos Moctezuma y un equipo multidisciplinario. La primera etapa de excavaciones se desarrolló entre 1978 y 1982 y permitió recuperar vestigios del principal recinto sagrado mexica.
Los trabajos también produjeron una colección de gran escala. El INAH señala que durante aquella primera etapa se encontraron más de siete mil objetos. Esa recuperación contribuyó a la creación del Museo del Templo Mayor, inaugurado el 12 de octubre de 1987.
Coyolxauhqui cambió la manera de mirar el Centro Histórico. La ciudad colonial, virreinal y contemporánea dejó de entenderse como una superficie separada de su pasado prehispánico. Las calles actuales comenzaron a leerse como parte de una trama construida sobre antiguos basamentos mexicas.
La pieza también recordó una realidad urbana: debajo de banquetas, edificios y vialidades pueden permanecer fragmentos de una ciudad anterior. Una reparación cotidiana fue suficiente para abrir una puerta hacia el recinto sagrado de Tenochtitlan.
Hoy, la zona arqueológica y el Museo del Templo Mayor permiten observar los vestigios recuperados a partir de aquel descubrimiento. La historia puede recorrerse a pie, a unos pasos del Zócalo, en el mismo sector donde una cuadrilla encontró una piedra imposible de ignorar.
