Desde Tlatelolco, Brugada llama a mantener la memoria del 68 como trinchera contra el autoritarismo
CIUDAD DE MÉXICO a 2 de octubre de 2026 (Noticias de México).— A 58 años de la matanza del 2 de octubre de 1968, la jefa de Gobierno, Clara Brugada Molina, convirtió el homenaje a las víctimas en un contundente posicionamiento político al proclamar que los gobiernos actual de la capital y del país son “orgullosos herederos” de aquel movimiento estudiantil, lo que implica la obligación moral de respaldar sus exigencias de justicia.
Desde la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco, la mandataria capitalina refrendó el acompañamiento de su administración a las demandas del Comité del 68 para alcanzar la verdad, la reparación del daño y el fin de la impunidad. En ese contexto, garantizó el respaldo institucional para que la nueva Fiscalía Especializada esclarezca los crímenes del régimen autoritario cometidos hace casi seis décadas, calificados en 2024 como delitos de lesa humanidad por la presidenta Claudia Sheinbaum.
Brugada definió el acto de recordar como un “acto político transformador” frente a los intentos del Estado por imponer el silencio. Bajo esa línea, trazó un hilo conductor entre la gesta de 1968 y los momentos clave de la transición democrática en México: el movimiento estudiantil de 1986, el neocardenismo de 1988, la lucha zapatista de 1994, la conquista de la autonomía capitalina, la exigencia de justicia por Ayotzinapa y los actuales movimientos feministas y ambientalistas.
Al dirigirse a las juventudes, la jefa de Gobierno advirtió que la memoria del 68 constituye una trinchera ideológica activa para defender las libertades ante los riesgos latentes de la violencia y la regresión autoritaria. Asimismo, exhortó a consolidar alianzas con sectores populares, trabajadores y mujeres para combatir el odio, la misoginia y la persecución política.
“Nunca más un Estado contra los estudiantes, nunca más el miedo como forma de gobierno, nunca más el silencio”, sentenció Brugada, al reivindicar a Tlatelolco no solo como un espacio geográfico, sino como un territorio de conciencia política para la Ciudad de México.
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