Con la llegada de la primavera, la Ciudad de México se transforma en un paisaje dominado por tonos morados y lilas gracias a la floración de las jacarandas, árboles que adornan calles, avenidas, plazas y parques de la capital. Este fenómeno natural se ha convertido en uno de los espectáculos más emblemáticos de la ciudad, atrayendo cada año a miles de visitantes nacionales y extranjeros.

Más allá de su belleza visual, las jacarandas representan un importante atractivo turístico y un impulso para la economía local. De acuerdo con la titular de la Secretaría de Turismo de la Ciudad de México, Alejandra Frausto Guerrero, durante la primavera estos árboles transforman el paisaje urbano en corredores violetas que invitan a recorrer la ciudad a pie y disfrutar de su patrimonio cultural y natural.

La temporada de floración, que se extiende principalmente entre febrero y abril, coincide con un incremento en la actividad turística en zonas como Paseo de la Reforma, Bosque de Chapultepec, Colonia Roma, Colonia Condesa y Coyoacán, donde turistas y habitantes se reúnen para fotografiar y recorrer estos espacios convertidos en pasarelas naturales.

Este fenómeno ha colocado a la capital mexicana dentro del circuito internacional de ciudades conocidas por la floración de jacarandas, junto a Pretoria, Sídney y Buenos Aires, reconocidas mundialmente por sus paisajes violetas durante la primavera.

Originarias de Sudamérica —principalmente de Brasil, Argentina y Uruguay— las jacarandas llegaron a la capital mexicana a finales del siglo XIX. Su incorporación al paisaje urbano se atribuye al paisajista japonés Tatsugoro Matsumoto, quien participó en el diseño de jardines del Castillo de Chapultepec y de residencias en la colonia Roma, integrando estos árboles como alternativa a los cerezos japoneses.

Además de su valor estético y cultural, las jacarandas aportan beneficios ambientales a la ciudad. Con una vida útil de hasta 50 años, ayudan a mitigar el calor urbano, brindan sombra y contribuyen a capturar partículas contaminantes, mejorando así la calidad del aire en la metrópoli.

La floración también genera un impacto positivo en la economía local, ya que aumenta la afluencia de visitantes en cafeterías, restaurantes y comercios, además de impulsar sectores como el hospedaje, el transporte y las actividades recreativas.

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Por admin

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