Conquistas históricas y nuevas tensiones: balance de la agenda feminista en el siglo XXI
Angélica Beltrán, Noticias de México
CDMX a 23 de agosto del 2026 (Noticias de México).- La agenda feminista, entendida como el conjunto de demandas, reformas legales, políticas públicas y transformaciones culturales orientadas a reducir las desigualdades entre mujeres y hombres, ha producido cambios profundos y medibles en las últimas décadas, sobre todo a partir de la segunda mitad del siglo XX y con mayor intensidad después de la Plataforma de Acción de Beijing de 1995.
Los logros más consolidados se concentran en la educación, la salud, el marco jurídico y la participación política. La brecha educativa se ha cerrado de forma casi total a escala global, hasta el punto de que en numerosos países las mujeres superan ya a los hombres en matrícula y finalización de estudios terciarios.
La mortalidad materna ha disminuido y el acceso a la planificación familiar se ha ampliado de manera significativa. En el terreno legal, desde 1995 se han aprobado más de mil quinientas leyes contra la violencia de género en casi doscientos países, se ha generalizado la prohibición de discriminación laboral por razón de sexo y se han reforzado derechos de propiedad, divorcio y custodia.
La representación política femenina se ha duplicado desde entonces y ronda hoy el 27 por ciento en los parlamentos nacionales. En México el avance ha sido especialmente notable: el país escaló hasta el puesto 23 del índice global de brecha de género en 2025, impulsado por la paridad en el Congreso y la llegada de la primera mujer a la presidencia.
En el ámbito económico, la participación laboral de las mujeres ha crecido de forma sostenida y diversos organismos internacionales estiman que cerrar las brechas restantes en empleo y liderazgo podría generar un impulso relevante al producto interno bruto mundial.
Pese a estos progresos, el ritmo sigue siendo lento. Según el Global Gender Gap Report 2025, apenas se ha cerrado el 68,8 por ciento de la brecha total; a la velocidad actual se necesitarían más de un siglo para alcanzar la paridad plena.
La participación económica se sitúa en torno al 61 por ciento y el empoderamiento político apenas supera el 22 por ciento. La violencia de pareja continúa afectando a aproximadamente una de cada tres mujeres a lo largo de su vida, con poca variación en dos décadas.
El trabajo de cuidados no remunerado sigue recayendo de manera desproporcionada sobre las mujeres, limitando su acumulación de experiencia laboral y de derechos pensionarios. En México y en buena parte de América Latina, los avances políticos contrastan con rezagos en brecha salarial y formalización del empleo.
El retraso de la maternidad, el aumento de los hogares monoparentales y la caída de la fertilidad por debajo del nivel de reemplazo en muchos países desarrollados coinciden temporalmente con la expansión de la agenda. Algunos análisis atribuyen parte del fenómeno a cambios culturales que priorizan la autonomía individual sobre la formación familiar; otros lo vinculan sobre todo a presiones económicas y a la transición demográfica.
En paralelo, se observa una polarización creciente: sectores de jóvenes, especialmente varones, perciben el discurso contemporáneo como de suma cero o hostil, lo que alimenta reacciones que van desde la llamada “manosfera” hasta gobiernos que recortan programas de género.
Incluso dentro del propio feminismo surgen voces que cuestionan el énfasis en la interseccionalidad, el punitivismo, la dilución del sujeto “mujer” biológica o la prioridad otorgada a agendas identitarias frente a problemas materiales como la pobreza o la carga de cuidados.
La perspectiva liberal o igualitaria celebra la ampliación de opciones individuales —educación, trabajo, control reproductivo— y confía en que el resto de las brechas se cerrará con más mercado y meritocracia. La mirada radical o estructural sostiene que las desigualdades son sistémicas y requieren una redistribución profunda de poder, recursos y responsabilidades de cuidado.
Corrientes críticas de la equidad aceptan los logros históricos, pero rechazan lo que consideran victimización permanente, discriminación inversa o negación de diferencias biológicas promedio. Las posiciones conservadoras valoran los derechos formales conquistados, aunque atribuyen a la agenda contemporánea el debilitamiento de la familia, el aumento de la soledad y el agravamiento del conflicto entre los sexos.
En conjunto, la agenda feminista ha contribuido de manera demostrable a ampliar derechos, educación y representación política de las mujeres, con efectos positivos medibles en el desarrollo humano. No ha eliminado, sin embargo, las desigualdades materiales más tenaces, ha generado tensiones sociales y culturales, y su impacto se diluye o se revierte según el contexto político y económico.
0-0-0



Deja tu opinión