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¿Qué último papel dejó Gerardo Taracena antes de irse?

Redacción Noticias de México · 6 de agosto de 2026
Agárrense, porque esto no es un ciclo más de películas para dejar encendida la tele mientras se enfría el café. A partir del sábado 8 de agosto, MX Nuestro Cine —la franja cinematográfica de Canal Veintidós— despliega el Ciclo Glat Entertainment: ocho largometrajes y dos programas de cortometrajes que se transmitirán cada sábado a las 22:00 horas y cada domingo a las 21:30, por la señal 22.2 y en streaming gratuito. Pero el plato fuerte no es solo la cartelera: es el homenaje póstumo a Gerardo Taracena, actor mexicano que murió en enero de 2026 y cuya última aparición en pantalla grande se estrena aquí, en esta misma tanda. La nostalgia pega duro cuando uno sabe que está viendo la última vez que alguien miró a la cámara.
 El estreno que detiene el reloj
El 16 de agosto se proyecta Halcones, dirigida por Ricardo Tavera, donde Taracena interpreta a El Buitre, un personaje que arrastra sombras como quien arrastra un abrigo viejo en pleno verano. La cinta sigue a Andy, un joven entrenado por su propio padre —ex sicario— para infiltrarse en un cártel y desmontarlo desde las entrañas. Taracena, recordado por dar vida a personajes que se te quedan tatuados en la memoria —como en Apocalypto de Mel Gibson o en la serie Narcos: México—, filmó este papel sabiendo, o intuyendo, que sería su despedida del celuloide. Y aquí viene lo que casi nadie cuenta: la producción de esta película se convirtió, sin buscarlo, en una carta de despedida colectiva.
Quién está detrás de la cámara
Glat Entertainment no es una productora cualquiera que arma películas como quien arma tacos de canasta: rápido, sin receta y a ver qué sale. Fundada en 2008 por los cineastas Ricardo y Armando Tavera, esta casa productora mexicana opera bajo el concepto Edutainment —entretenimiento educativo, para los que prefieren el castellano—, y ha tejido alianzas con el Instituto Mexicano de Cinematografía (Imcine), el Sistema Nacional DIF y el propio Canal Veintidós. Su misión, dicho sin florituras: usar el cine como herramienta de transformación social, prevención de violencia e inclusión. Dieciocho años llevan en la brecha, y apenas ahora un canal abierto les dedica un ciclo completo. ¿No les parece que ya tocaba?
 La apertura: cortos de cuatro países
El ciclo arranca el 8 y 9 de agosto con dos programas de cortometrajes que cruzan fronteras: piezas mexicanas, colombianas, venezolanas y francesas. Piensen en esto como una mesa de degustación donde cada plato viene de una cocina distinta, pero todos comparten el mismo sazón: historias que buscan mover algo adentro, no solo llenar la pantera de palomitas. Es la puerta de entrada perfecta para quien nunca se ha asomado al cine con causa y cree que «cine social» significa dos horas de discurso con subtítulos. Spoiler: no va por ahí la cosa.
 El triunfo de vivir y el peso de la enfermedad
El 15 de agosto toca El triunfo de vivir, también de Ricardo Tavera, que cuenta la historia de Rodrigo, un niño enfermo que transforma la existencia de sus compañeros de hospital con sus ganas de vivir. Suena a sinopsis de película que te hace llorar en el transporte público, y sí, probablemente lo haga. Pero aquí el gancho no es la lágrima fácil: es ver cómo un personaje pequeño, en un espacio cerrado, le voltea la tortilla a la muerte con pura terquedad luminosa. Como ese vecino que, sin tener un peso, te presta su cargador y te dice «ahí me lo das cuando puedas». Así opera Rodrigo en su hospital: regalando lo que nadie más puede comprar.
 Vidas violentas y Niños asesinos: el espejo incómodo
El 22 de agosto llega Vidas violentas, un proyecto que reúne a tres directores de peso —Michael Rowe, Carlos Cuarón y Amat Escalante— para tejer seis cortometrajes sobre violencia de género, acoso escolar y violencia doméstica. Un día después, el 23, se transmite Niños asesinos, de Tavera, que se mete de lleno a un reformatorio donde convergen historias de menores marcados por el abandono y el abuso. Son dos funciones que funcionan como un espejo puesto frente a la cara: no para que te gustes, sino para que te veas. Y en un país donde la violencia se volvió paisaje cotidiano, verse en ese espejo ya es un acto de resistencia.
 The Juniors, rehenes y burocracia celestial
El 29 de agosto se proyecta The Juniors y la fórmula imperial, donde Tavera sigue a siete adolescentes millonarios que planean una revolución social a través de videos y experimentos médicos —una premisa que suena a cóctel entre Élite y un laboratorio clandestino—. El 30, ¿Quiere ser mi rehén?, de Carlos Preciado y Cidy Alex Sánchez, pone a un diseñador publicitario en manos de una mujer misteriosa el día más importante de su vida. Y el 5 de septiembre, Claudia no se quiere morir, de Adolfo López Campaña, imagina a una mujer que escapa del ángel enviado a recogerla y desata un caos en la burocracia celestial. Sí, leyeron bien: un trámite del más allá convertido en comedia. Como ir al SAT, pero con alas.
El cierre y lo que cambia para ti
La tanda concluye el 6 de septiembre con Somos invisibles, de Sinhué F. Benavides, donde una madre con cadena perpetua recibe un permiso especial para pasar una última tarde en su antigua casa. Una película que duele sin gritar. Ahora, lo práctico: toda la programación es gratuita, se transmite por la señal 22.2 de televisión abierta y por streaming, así que no hay pretexto de «es que el cine está caro» ni de «es que vivo lejos de la cineteca». Sábado a las diez de la noche, domingo a las nueve y media. Palomitas en el microondas, sillón listo, celular en silencio. El cine con impacto social llega a tu sala sin pedirte ni un peso a cambio.
 Cierre pico-final
Queda una última imagen, y es la que más pesa: Gerardo Taracena, en el set de Halcones, diciendo sus líneas como El Buitre, sabiendo —o sin saber— que era la última vez que un director le gritaba «¡acción!». Ocho largometrajes, dos programas de cortos, dieciocho años de una productora que insiste en que el cine puede cambiar algo más que la taquilla. Y un actor que se fue en enero pero que en agosto todavía tiene algo que decirnos desde la pantalla. La próxima vez que alguien pregunte «¿y ahora qué vemos en la tele?», ya tienen respuesta. Y si quieren, hagan la pregunta que deja esta historia flotando: ¿cuál fue la última película que vieron sabiendo que el actor que la protagonizó ya no está? Ahí está el verdadero peso del cine: no en la trama, sino en la ausencia que queda después del crédito final.

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