Política en Movimiento/Angélica Beltrán
CDMX a 30 de agosto, 2025 (Noticias de México).- La comisión permanente del congreso de la Unión clausuró, por segunda vez, el periodo con una enérgica condena a la agresión del PRI contra el presidente de la Mesa Directiva, Gerardo Fernández Noroña, y contra otros legisladores como la diputada Dolores Padierna.
Pues tras las agresiones, la mayoría parlamentaria (Morena-PT-PVEM) aprobó agregar una sesión para dejar constancia del repudio a la agresión con un posicionamiento formal.
Y lo que faltaba… los legisladores priistas minimizaron los golpes que propinaron a quienes se hallaban cerca de Noroña el día del ataque, considerando, como Felipe Calderón en su sexenio, que fueron “daños colaterales”.
Estos insistieron en la agresión, aunque esta vez se limitaron a las agresiones verbales desde sus escaños; lo que evidenció su decadencia, y la rabia y frustración incontenibles por ser una minúscula bancada.
La decadencia del PRI tiene responsable con nombre y apellido: Alejandro Moreno y Rubén Moreira, enterradores de un partido convertido en una porquería, cuyo derrumbe data de sus gobiernos federales desde 1988, que asumieron el neoliberalismo como política de gobierno; pisotearon a las mayorías, desmantelaron al Estado y casi terminan con las empresas públicas, sostén económico importante de nuestro país.
Por lo que esa condición marginada del PRI en el Congreso de la Unión no se debe a la presidencia de Fernández Noroña en el Senado y también en la Comisión Permanente, ni a una conducción deficiente, sino al propio derrumbe político del tricolor, cuya voz, ante las mayorías, es cada vez más débil; pues en el pleno, las votaciones les recuerdan que no tienen votos suficientes para imponer agenda.
Se trata de un partido decadente que carga en su haber con trágicos episodios orquestados desde el gobierno: matanza de estudiantes en Tlatelolco, 1968, el Halconazo en 1971, Aguas Blancas, Acteal, Ayotzinapa. Y asesinatos políticos; todo ello queda como registro de la violencia histórica del PRI.
En ese sentido, en la sesión extra, la senadora Margarita Valdés definió el perfil de los priistas: el PRI no solo golpea en tribuna, también en las elecciones balacea a enemigos políticos; y en zonas rurales, sobre todo, amedrenta a la población el día de la jornada electoral con tiros de pistola para evitar el ejercicio democrático en las urnas.
Y claro, esas escenas referidas no son un secreto para ningún mexicano; muchos hemos sido testigos de la violencia que desatan los priistas durante los periodos electorales. Caciques, gobernadores, legisladores y hasta presidentes emanados del tricolor tienen pasajes oscuros marcados por asesinatos y represión.
En fin, que ese legado de muerte, aunado a la política neoliberal asumida por gobiernos del PRI son la respuesta a la reducción del tricolor y su marginación en el Congreso de la Unión.
Hoy, con apenas 13 senadores de un total de 128, el PRI es una sombra de sí mismo. Y aunque amedrenten desde el Senado legisladores como Alejando Moreno, Rubén Moreira y sus secuaces, cabe recordar que el tricolor ya no tiene peso político, baste recordar que en las pasadas elecciones 2024, mientras Claudia Sheinbaum ganó con 35 millones de votos, el PRI ni siquiera presentó candidato presidencial.
Así, ahora la gente dicta sentencia: el PRI ya no tiene nada que ofrecerle a México. Y lo más grave es que sean los generadores de violencia en el Congreso, que culminó con el ataque artero y cobarde de seis legisladores a un político de 65 años en su calidad de presidente de la mesa directiva, porque acató la resolución de la mayoría de no extender la agenda política.
Fueron seis los atacantes golpearon por la espalda, seis legisladores, la mayoría jóvenes, a un político de 65 años.
Así, no fue Fernández Noroña en su calidad de presidente de la Comisión Permanente quien debilitó al PRI, o siquiera lo marginó; sino la ciudadanía, que en las pasadas elecciones no votó por ellos. Hoy son una minoría, cuyos votos no les alcanzan para imponer agenda, por ello se enfurecen, pero no tienen razón y menos calidad moral. La historia juzga ya al PRI y desde las urnas, sociedad lo está sepultando.
0-0-0
