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Sin mujeres no hay democracia: el Congreso pone la igualdad en el centro

Por Bruno Cortés

 

En el Senado se cerró un capítulo que no mira al pasado con nostalgia, sino al futuro con responsabilidad política. Al clausurar los trabajos del Congreso Feminista 2026, la presidenta de la Cámara de Senadores, Laura Itzel Castillo Juárez, dejó un mensaje claro y directo: la igualdad sustantiva no es un favor ni una concesión del poder, es un derecho conquistado que se defiende todos los días, porque sin mujeres simplemente no hay democracia.

El encuentro se realizó en el marco de los 110 años del Primer Congreso Feminista de Yucatán, aquel de 1916 donde cientos de mujeres se atrevieron a cuestionar el orden establecido cuando ni siquiera podían votar. Hoy, ese legado se tradujo en una declaratoria final aprobada por unanimidad por legisladoras, académicas, expertas y funcionarias, donde se reconoce al feminismo como una fuerza real de transformación social, no como un discurso de ocasión.

Castillo Juárez leyó el documento que fija una ruta política muy concreta: reforzar una agenda de igualdad sustantiva que garantice derechos sociales, económicos, políticos y culturales para las mujeres. En términos sencillos, se trata de que la igualdad no solo esté escrita en la ley, sino que se note en la vida diaria: en el acceso al trabajo, a la educación, a la seguridad, a la justicia y a la libertad de decidir.

La senadora subrayó que este compromiso no puede quedarse en una sola institución. Para que funcione, dijo, debe tener una visión integral, donde participen todas las instancias del Estado y se reconozca la diversidad de las mujeres, porque no todas enfrentan las mismas desigualdades ni las mismas violencias. Este posicionamiento, integrado por cinco puntos, será enviado a la Comisión Permanente para darle formalidad y publicarlo en el Diario Oficial de la Federación, es decir, convertirlo en un referente institucional.

Uno de los acuerdos centrales del Congreso Feminista 2026 fue reconocer formalmente al Primer Congreso Feminista de Yucatán como un parteaguas en la historia política y social del país, y honrar a las mujeres que lo hicieron posible. La apuesta ahora es la memoria activa: difundir ese legado en la educación, la cultura y los documentos oficiales, como parte de la construcción democrática y la justicia social.

Desde la Comisión para la Igualdad de Género, Martha Lucía Micher Camarena fue contundente al señalar que este Congreso no buscó una conmemoración cómoda, sino asumir una responsabilidad política real. Recordó que el feminismo nunca nació para ser un discurso aceptable, sino para incomodar y cambiar la realidad. Por eso, la paridad dejó de ser una consigna y se convirtió en un mandato constitucional, y la igualdad sustantiva pasó de ser un ideal a una obligación del Estado.

Sin embargo, advirtió que los pendientes siguen siendo enormes. La violencia contra las mujeres es cotidiana, los cuidados siguen recayendo casi exclusivamente en ellas, la pobreza tiene rostro de mujer y el acceso a la justicia depende del lugar donde se nace, de la edad y de la condición social. Dicho sin rodeos: los avances existen, pero no son suficientes.

En ese mismo tono, la senadora Amalia García Medina puso el dedo en una de las deudas más grandes del país: la falta de un sistema nacional de cuidados. Explicó que mientras no se resuelva quién cuida, las mujeres seguirán cargando con una responsabilidad que les roba tiempo, oportunidades y libertad. También habló de la urgencia de homologar a nivel nacional delitos como el abuso sexual y de proteger mejor a las niñas, además de advertir que ningún avance es permanente si no se defiende, incluso en materia electoral.

La periodista Sabina Berman aportó una mirada histórica y provocadora. Recordó que en 1916, 620 mujeres se reunieron en Yucatán para liberarse del analfabetismo, de la dependencia económica y de la exclusión política. Hoy, dijo, las legisladoras son el sueño cumplido de aquellas mujeres. Pero lanzó una pregunta incómoda: si ser mujeres hace una diferencia real en cómo se ejerce el poder o si, al llegar a él, se termina usando un “traje y corbata mental” que borra esa diferencia.

Finalmente, la historiadora Teresa Hevia Rocha recordó el largo camino recorrido desde 1953, cuando se reconoció el derecho al voto de las mujeres, hasta 2024, con la llegada de la primera presidenta de México. Señaló que incluso en el Congreso Feminista de 1916 el ejercicio del poder generó divisiones y debates profundos, y que muchas de esas discusiones quedaron pendientes para las generaciones futuras.

A 110 años de distancia, el mensaje que dejó el Congreso Feminista 2026 es claro: la estafeta sigue en movimiento. La igualdad no está garantizada para siempre y la democracia mexicana solo será completa cuando los derechos de las mujeres se vivan, no solo se prometan.

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