Por Juan Pablo Ojeda
La presidenta Claudia Sheinbaum decidió mover la diplomacia antes que subir el tono. Luego de las declaraciones del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien habló abiertamente de la posibilidad de iniciar ataques terrestres contra los cárteles de la droga en México, la mandataria mexicana instruyó a la Secretaría de Relaciones Exteriores a reforzar la comunicación con el gobierno estadounidense y, si es necesario, solicitar una conversación directa con su homólogo.
Las declaraciones de Trump se dieron en una entrevista televisiva, donde afirmó que los cárteles “están controlando México” y calificó la situación como “muy triste”. Sus palabras no pasaron desapercibidas, sobre todo porque se produjeron poco después de un operativo estadounidense en Venezuela que derivó en la captura de Nicolás Maduro y su esposa, lo que encendió alertas sobre hasta dónde podría llegar la política exterior de Washington.
Sheinbaum ha sido clara en su postura: México está abierto a la cooperación bilateral, pero no a la intervención militar extranjera. De hecho, recordó que Trump ha ofrecido ayuda directa para combatir a los cárteles, pero que su gobierno ha rechazado cualquier acción que vulnere la soberanía nacional. Para la presidenta, el combate al crimen organizado debe darse con instituciones mexicanas fuertes y bajo un enfoque que privilegie la paz.
En distintas ocasiones, la mandataria ha insistido en que la relación con Estados Unidos debe centrarse en atender las causas del problema, como el consumo de drogas, el tráfico de armas y el lavado de dinero, además de fortalecer la inteligencia y la investigación conjunta en materia de seguridad. Es decir, colaboración sí, pero con reglas claras y respeto mutuo.
Las declaraciones de Trump han generado inquietud tanto en el ámbito político como en la opinión pública, ya que ponen sobre la mesa un tema sensible: la soberanía mexicana y el equilibrio en la relación bilateral. Para el gobierno mexicano, el reto es mantener una relación firme pero estable con su principal socio, evitando que el discurso político del otro lado de la frontera escale hacia decisiones que tensen innecesariamente el vínculo entre ambos países.
































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