Por Juan Pablo Ojeda

 

En medio del jaloneo político que dejó la reforma electoral, el diputado Ricardo Monreal Ávila salió a poner orden dentro de Morena: sí hubo cambios al llamado “Plan B”, sí se recortó lo que originalmente quería la presidenta Claudia Sheinbaum, pero lo importante —dice— es que no se rompa la alianza y que el proyecto avance, aunque sea con lo posible y no con lo ideal.

Lo que está pasando en el Congreso no es menor. La reforma electoral que se discute ya no es la misma que llegó desde el Ejecutivo. De entrada, se quedó fuera uno de los puntos más polémicos: la modificación al artículo 35 constitucional, que buscaba cambiar las reglas de la revocación de mandato. En términos simples, eso significa que ya no se moverán las fechas ni condiciones para poner a prueba a un presidente a mitad de su gobierno, algo que había generado fuerte resistencia.

Monreal lo explicó sin rodeos: el Plan A no pasó, el Plan B llegó “descafeinado” y ahora lo que queda es una versión más acotada que sólo toca tres artículos de la Constitución (115, 116 y 134), enfocados principalmente en temas de operación de gobiernos locales y reglas administrativas. Es decir, se pasó de una reforma amplia a una mucho más limitada.

Pero más allá del contenido técnico, el verdadero mensaje del coordinador de Morena tiene que ver con la política interna. Reconoció que hubo diferencias dentro de la coalición, especialmente por cómo votaron algunos aliados, pero insistió en que ya comenzó una “operación cicatriz” para evitar fracturas. Traducido: hubo enojo, pero están tratando de recomponer el equipo antes de que el conflicto escale.

Este tipo de ajustes son comunes en el Congreso mexicano. Las reformas no siempre salen como las propone el Ejecutivo porque dependen de negociaciones, votos y equilibrios entre partidos. Aquí, lo relevante es que Morena y sus aliados mantienen la mayoría, pero no necesariamente la unanimidad, lo que obliga a ceder en ciertos puntos.

Monreal también dejó claro el calendario: la minuta ya fue enviada a comisiones, se discutirá en los próximos días y se votará primero en comisión y después en el Pleno. Todo indica que, sin el tema de la revocación de mandato, la aprobación será más sencilla.

Eso sí, el propio diputado reconoció una realidad clave en política pública: no siempre se logra lo que se quiere, sino lo que se puede. Y bajo esa lógica, adelantó que la reforma electoral no está cerrada definitivamente; podría retomarse en el futuro, aunque ya no en el corto plazo, debido a las restricciones legales para modificar reglas electorales cerca de los procesos comiciales.

Al final, lo que está en juego no es sólo una reforma, sino la estabilidad de una coalición que busca mantenerse fuerte rumbo a las elecciones de 2027 y 2030. Por ahora, el mensaje es claro: menos ambición en el papel, pero prioridad en mantener unido al bloque en el poder.

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