¡Vaya manera de abrir la cartera en el norte! Si usted pensaba que la cuesta de enero había pegado duro, es porque no ha visto los estados de cuenta de la publicidad digital en Nuevo León. Resulta que el gobernador Samuel García y su equipo cercano no se andan con chiquitas a la hora de pagarle a Mark Zuckerberg, soltando más de 15 millones de pesos en los últimos tres meses para asegurar que sus rostros aparezcan hasta en la sopa de los usuarios de Facebook e Instagram.
Según el reporte más fresco de la Biblioteca de Anuncios de Meta, que abarca del 17 de noviembre de 2025 al 14 de febrero de 2026, el mandatario estatal se lleva la corona del gasto. García Sepúlveda ha inyectado la friolera de $8,005,904 pesos en pauta publicitaria. No es cosa menor, hablamos de una estrategia agresiva para mantener la narrativa oficialista girando a todo vapor en la red.
Pero el «góber» no va solo en esta cruzada de clics y likes. Su esposa y titular de la oficina «Amar a Nuevo León», Mariana Rodríguez, le sigue el paso con un gasto de $4,680,234 pesos en el mismo periodo. Entre los dos, han convertido sus perfiles en auténticas maquinarias de difusión masiva, donde lo personal y lo político se mezclan entre filtros y stories patrocinadas.
A la fiesta del presupuesto digital se suma Mike Flores, el Secretario General de Gobierno, quien, aunque con un perfil más operativo, no se queda atrás. Sus cuentas registran un importe gastado de $2,754,861 pesos. Es decir, la triada del poder en el estado regio ha decidido que la batalla por la percepción pública se gana a billetazos en la nube.
Este bombardeo de publicidad no es fortuito. Los expertos señalan que Movimiento Ciudadano ha perfeccionado el arte de gobernar desde el teléfono celular, y estas cifras confirman que la apuesta por la segmentación de audiencias es la prioridad número uno. Ya no basta con salir en la tele; ahora el objetivo es perseguir al ciudadano con el algoritmo hasta que el mensaje cale hondo.
Lo que salta a la vista en los informes de transparencia de la plataforma es la constancia del flujo de efectivo. Mientras en otras áreas de la administración pública se pide austeridad, en el departamento de imagen y redes sociales la llave está abierta a chorro. La justificación oficial suele ser la «información a la ciudadanía», pero los montos sugieren una campaña permanente.
La segmentación detallada que permite Meta ha sido aprovechada al máximo. Los anuncios no solo buscan informar sobre obras o programas, sino que están diseñados para impactar demografías específicas, tejiendo una red de influencia que va más allá de los medios tradicionales. Es la política moderna: si no estás en el scroll infinito del votante, no existes.
Por supuesto, esto ha levantado ampula entre los críticos y la oposición, quienes ven en este despilfarro digital una herramienta de promoción personal descarada con recursos que, presumiblemente, podrían tener mejor destino. Sin embargo, en el Palacio de Cantera parecen tener clara la consigna: lo que no se anuncia, no se cacarea, y para cacarear, hay que pagar.
Habrá que ver si esta estrategia de saturación digital se traduce en gobernabilidad real o si, como pasa con los virales de internet, la popularidad comprada se esfuma tan rápido como se desliza el dedo por la pantalla. Por lo pronto, en Nuevo León, el «fosfo-fosfo» cuesta, y cuesta muy caro.






























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