Por Bruno Cortés
El caso de Venezuela no solo encendió alertas internacionales, también abrió un debate de fondo en el Congreso mexicano sobre si los organismos creados para mantener el orden mundial siguen sirviendo para algo. Así lo planteó el diputado Ricardo Monreal Ávila, coordinador de Morena y presidente de la Junta de Coordinación Política, quien afirmó que lo ocurrido en ese país obliga a replantear el multilateralismo y el papel de instancias como la ONU y la OEA, a las que acusó de ser ineficaces, costosas y, en los hechos, irrelevantes.
Monreal fue directo: dijo que la geopolítica cambió de manera radical tras lo sucedido en Venezuela y que, para quienes estudiaron derecho internacional, el panorama es decepcionante. Las reglas que supuestamente ordenan la convivencia entre países, explicó en términos sencillos, existen en el papel, pero ya no se respetan ni se aplican. Las resoluciones internacionales, añadió, simplemente no se acatan, y eso deja en evidencia a organismos que deberían ser árbitros y hoy parecen espectadores.
En este contexto, el legislador destacó la postura de la presidenta Claudia Sheinbaum, a quien reconoció por mantener una línea firme y sin titubeos en la política exterior. Señaló que la mandataria ha asumido plenamente los principios constitucionales que rigen la relación de México con el mundo, como la no intervención y el respeto a la soberanía, y que los ha defendido con carácter y templanza. Para Monreal, esa claridad manda una señal contundente: México seguirá apostando por el respeto entre Estados, sin importar el tamaño o el poder militar de cada país.
El líder de Morena en la Cámara de Diputados subrayó que la mayoría legislativa respalda esa posición y ve con buenos ojos que el Ejecutivo no se mueva un centímetro de los principios juaristas, esos que resumen la idea de que el respeto al derecho ajeno es la base de la paz. Desde su óptica, esto da certidumbre y tranquilidad sobre el rumbo internacional del país.
Monreal también rechazó lo que llamó la imposición de la “ley del más fuerte”, una lógica en la que, advirtió, todos terminan perdiendo. Aclaró que México no es un país hostil ni se prepara para la guerra, sino una nación que apuesta por la paz y que no puede estar de acuerdo con invasiones, injerencias o atropellos de potencias sobre otros Estados. El mundo, dijo, no se puede repartir como un botín entre regiones dominadas por unos cuantos.
En ese sentido, defendió la idea de que cada pueblo debe decidir su futuro, el destino de sus recursos naturales y su riqueza nacional, sin presiones externas. Por eso, puntualizó, el rechazo de México a la intervención de Estados Unidos en Venezuela no es la defensa de una persona en particular, sino la defensa de la soberanía de un país y del derecho internacional, principios que, afirmó, fueron claramente violados.
El mensaje de Monreal deja claro que el debate no es solo sobre Venezuela, sino sobre el tipo de orden mundial que se está construyendo y el papel que México quiere jugar en él: uno que privilegie el respeto, la legalidad internacional y la voz de los pueblos, aun cuando los organismos creados para garantizarlo estén hoy bajo cuestionamiento.
































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