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María Corina Machado afirma que Maduro enfrentará justicia internacional tras captura

Tras el operativo gringo que atrapó a Maduro, María Corina Machado sentenció: el líder chavista ya enfrenta a la justicia internacional.

La líder de la oposición venezolana, María Corina Machado, no se anduvo por las ramas y soltó una declaración contundente tras confirmarse que a Nicolás Maduro se le acabó la fiesta. Luego de que fuerzas estadounidenses le cayeran en la movida en Caracas y se llevaran al mandatario junto a su esposa, Cilia Flores, Machado aseguró que por fin llegó el momento de rendir cuentas ante los tribunales del mundo.

En un comunicado que retumbó fuerte en la política latinoamericana, la «Dama de Hierro» dejó claro que el que la hace, la paga. Según sus palabras, Maduro enfrenta desde hoy a la justicia internacional por una lista larga de «crímenes atroces» cometidos no solo contra la banda venezolana, sino también contra ciudadanos de otras naciones, poniendo los puntos sobre las íes en un conflicto que llevaba años estancado.

Machado recordó que se le dieron oportunidades al régimen para salir por las buenas, pero hicieron oídos sordos. Ante la negativa de Maduro de aceptar una salida negociada y soltar el hueso por la vía diplomática, el gobierno de Estados Unidos «cumplió su promesa» de hacer valer la ley, aplicando un «estate quieto» definitivo con la intervención militar que sacudió a Caracas.

«Llegó la hora de que la soberanía popular y la soberanía nacional rijan en nuestro país», afirmó la opositora, pintando un panorama de borrón y cuenta nueva. Su mensaje fue directo: toca poner orden en el changarro, liberar a los presos políticos que llevan años tras las rejas y empezar a construir un país que deje de ser nota roja para volverse excepcional.

Uno de los puntos que más caló en el sentimiento de la gente fue su promesa de recomponer el tejido social. Machado habló de «traer a nuestros hijos de vuelta a casa», refiriéndose a los millones de venezolanos que tuvieron que echarse la mochila al hombro y emigrar por la crisis, una diáspora que ha marcado a toda la región y que ahora ve una luz al final del túnel.

El contexto no es para menos: la captura de la pareja presidencial ocurrió tras una serie de ataques estratégicos de Washington, quienes ya no se tentaron el corazón. Al llevarse a Maduro y a Cilia Flores, se desmorona la cúpula que mantuvo el control férreo del país petrolero, dejando el tablero listo para que figuras como Machado intenten armar el rompecabezas institucional.

La reacción de la opositora contrasta con el caos que se vive en los pasillos de Miraflores, donde el vacío de poder ha dejado a más de uno temblando. Mientras el chavismo intenta descifrar qué paso les atropelló, Machado se planta firme como la voz cantante de una transición que, aunque complicada, parece ya no tener marcha atrás.

Este episodio marca un antes y un después en la historia del continente, demostrando que cuando el vecino del norte se decide a meter mano, la cosa va en serio. La sentencia de Machado resuena como un aviso para navegantes: la justicia internacional puede tardar y parecer que no llega, pero cuando aterriza, lo hace con todo el peso.

Ahora, con Maduro fuera de la jugada y enfrentando procesos legales en el extranjero, Venezuela amanece con la incertidumbre de lo nuevo, pero con la certeza de que el capítulo de la dictadura ha cerrado su telón de la forma más abrupta posible. Como bien dice Machado, es hora de la soberanía, y vaya que el camino para recuperarla será la verdadera prueba de fuego.

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