Por Bruno Cortés
En la Cámara de Diputados, donde normalmente se habla de presupuestos, reformas y jaloneos políticos, esta vez la conversación giró hacia la historia y las ideas que dieron forma a la política exterior de México. El Espacio Cultural San Lázaro organizó una mesa de análisis impulsada por el presidente de la Junta de Coordinación Política, el diputado Ricardo Monreal Ávila, para revisar el papel de tres figuras clave del constitucionalismo revolucionario: Luis Cabrera, Isidro Fabela y Hermila Galindo.
El contexto no es menor. Cada 5 de febrero se conmemora la promulgación de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, el documento que sentó las bases del México moderno. Y hablar de esos personajes es, en el fondo, hablar de cómo el país decidió pararse frente al mundo después de la Revolución: con una postura de soberanía, respeto entre naciones y solución pacífica de conflictos.
Dicho en términos sencillos: las políticas públicas no nacen de la nada. Las ideas que hoy guían la diplomacia mexicana —como no intervenir en asuntos internos de otros países o apostar por la igualdad soberana— vienen de debates, textos y decisiones que estos personajes ayudaron a construir hace más de un siglo.
Durante la mesa, académicos explicaron que Hermila Galindo no solo fue secretaria particular de Venustiano Carranza, sino una intelectual con voz propia que influyó en la llamada Doctrina Carranza, antecedente de la Doctrina Estrada. Además, fue pionera del feminismo mexicano, fundó la revista “La mujer moderna” y defendió el derecho de las mujeres a participar en la vida pública cuando eso era impensable para muchos.
Por su parte, Luis Cabrera fue pieza clave entre 1913 y 1920, años turbulentos en los que se redefinió el rumbo del país. No solo participó en la construcción jurídica del nuevo Estado, también ayudó a delinear cómo México debía relacionarse con otras naciones, buscando evitar conflictos armados y decisiones precipitadas. Su legado, señalaron los especialistas, sigue siendo poco estudiado pese a su influencia.
En el caso de Isidro Fabela, se recordó su papel como diplomático y como representante de México ante la Sociedad de Naciones, antecedente de la ONU. Defendió principios de legalidad internacional y denunció invasiones y abusos en foros multilaterales. También fue gobernador del Estado de México y promotor de la educación y la cultura.
¿Por qué importa todo esto hoy? Porque cuando escuchamos que México fija una postura ante un conflicto internacional o habla de no intervención, eso es política pública en acción. Son decisiones que afectan comercio, inversiones, relaciones diplomáticas y hasta el bolsillo de la gente, y que están respaldadas por una tradición histórica que se remonta a esos años revolucionarios.
Al impulsar este tipo de espacios, el liderazgo parlamentario no solo pone el reflector en figuras históricas, también conecta el debate legislativo actual con las raíces ideológicas del Estado mexicano. En un momento en que el país enfrenta desafíos globales y tensiones internacionales, revisar de dónde vienen nuestros principios no es un ejercicio académico aislado, sino una forma de entender por qué México actúa como actúa en el escenario mundial.
































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