Por Bruno Cortés
En la Cámara de Diputados, el nombre de Julio Javier Scherer Pareyón no solo sonó por su labor legislativa, sino por un tema más personal y político a la vez: la defensa pública del libro “Ni venganza, ni perdón”, escrito por su padre, Julio Scherer Ibarra. La obra relata tres décadas de relación con el expresidente Andrés Manuel López Obrador, una historia que pasó de la oposición al ejercicio del poder.
El diputado del Partido Verde Ecologista de México dejó claro que hablaba como hijo, no como legislador. En términos sencillos, lo que puso sobre la mesa es que el libro no busca ajustar cuentas, sino dejar una memoria escrita de cómo se vivieron ciertos momentos desde dentro. Y en política, cuando alguien que estuvo en el círculo cercano del poder publica su versión, eso inevitablemente genera debate.
Para quienes no están metidos en el mundo político, vale la pena entender por qué un libro así importa. Las decisiones públicas —desde reformas legales hasta nombramientos estratégicos— no se toman en el vacío. Se construyen con relaciones personales, acuerdos y tensiones. Cuando alguien que participó en ese proceso narra su experiencia, ofrece una pieza más para entender cómo se diseñaron políticas y cómo operó el gobierno por dentro.
Scherer Pareyón explicó que su padre acompañó el movimiento lopezobradorista desde antes de que existiera el poder formal, cuando se trataba más de convicciones que de cargos. Esa etapa, dijo, forma parte de la identidad familiar y política que ahora se plasma en papel. Rechazó que el contenido sea una traición o una venganza tardía, como han señalado algunos analistas, y lo definió como un testimonio de lo que se vio y lo que después se supo, considerando que su padre solo estuvo tres años dentro del gobierno federal.
Sobre la postura de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, quien declaró que no leerá el libro, el diputado fue mesurado. Señaló que respeta su decisión y reiteró que, como integrante del Congreso, respalda el proyecto de la actual administración. En otras palabras, marcó una línea clara entre su postura personal y su responsabilidad política.
También aclaró que no espera renuncias ni reacciones específicas de quienes aparecen mencionados en la obra. Según su dicho, el objetivo no es provocar salidas ni escándalos, sino exponer hechos y dejar que cada personaje asuma su responsabilidad pública y moral.
Hasta ahora, afirmó, la publicación no le ha traído amenazas ni problemas políticos directos, sino expresiones de solidaridad. Sin embargo, el impacto de este tipo de libros no suele medirse en el corto plazo. Con el tiempo, pueden convertirse en material de referencia para entender cómo se tomaron decisiones clave, cómo se tejieron alianzas y cómo se rompieron.
En un país donde la política y la narrativa siempre van de la mano, este episodio recuerda que la memoria escrita también forma parte del debate público. Y aunque un libro no cambia por sí mismo una política pública, sí puede influir en cómo la ciudadanía entiende el ejercicio del poder y la rendición de cuentas.






























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