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El gen que vuelve imparable a la gripe aviar preocupa a científicos

Por Juan Pablo Ojeda

 

Un grupo internacional de científicos acaba de poner sobre la mesa un hallazgo que cambia la forma en que entendemos a los virus de la gripe aviar y su capacidad para enfermar gravemente a los seres humanos. La investigación, liderada por las universidades de Cambridge y Glasgow y publicada en Science, confirma que estos virus cuentan con una ventaja evolutiva clave: pueden sobrevivir y replicarse en temperaturas que normalmente destruirían a los virus humanos.

La fiebre —ese aumento de temperatura que el cuerpo usa como defensa natural— puede elevarse hasta los 41 °C para frenar la replicación viral. Y, de hecho, funciona muy bien contra la gripe humana común, que prospera en temperaturas más bajas, como las de la nariz y la garganta, que rondan los 33 °C. Pero el nuevo estudio demuestra que esta barrera no basta para detener a los virus aviares, capaces de operar sin problema a 40 °C o más, como lo hacen en el tracto respiratorio de aves acuáticas.

Para entender qué hace tan resistente a la gripe aviar, los investigadores recurrieron a cultivos celulares y modelos de ratón. Al elevar la temperatura corporal de los animales, observaron que la fiebre —aunque transformaba una infección letal de gripe humana en algo leve— no conseguía frenar la replicación de las variantes aviares. El responsable parece ser un viejo conocido: el gen PB1, una pieza esencial en la maquinaria del virus, que en su versión aviar permite sobrevivir a temperaturas que matarían a otros virus.

Este gen no solo es resistente, sino que además puede “saltar” de un virus a otro cuando dos cepas infectan al mismo huésped. Así sucedió en las pandemias de 1957 y 1968, cuando un virus humano intercambió su PB1 con uno de origen aviar, generando variantes mucho más agresivas. Para los científicos, esa capacidad de mezclar información genética es una amenaza constante.

El equipo de Cambridge y Glasgow insiste en que comprender este mecanismo es fundamental para anticipar brotes y vigilar a las cepas más peligrosas, especialmente las relacionadas con el H5N1, que mantiene en alerta a la comunidad científica desde hace años. Aunque las infecciones en humanos siguen siendo raras, se registran decenas cada año y suelen ser graves.

Los hallazgos también abren preguntas sobre algo tan cotidiano como tratar la fiebre. Medicamentos como la aspirina o el ibuprofeno reducen la temperatura corporal, pero algunos estudios sugieren que hacerlo podría ayudar a que el virus se propague con más facilidad. Por ahora, los especialistas piden cautela y más investigación antes de recomendar cambios en el manejo clínico.

La gripe aviar sigue siendo un desafío para la vigilancia epidemiológica global, y este estudio recuerda que, en un mundo donde los virus mutan, se recombinan y evolucionan sin pausa, entender sus secretos es la única forma de adelantarse a la próxima amenaza.

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