Por Juan Pablo Ojeda
El cometa 3I/ATLAS, uno de los visitantes más enigmáticos que han cruzado nuestro sistema solar, volverá a acercarse a la Tierra el próximo 19 de diciembre, según confirmó la NASA. Aunque su máxima aproximación ocurrió el pasado 30 de octubre, el cuerpo celeste realizará un nuevo acercamiento a 1.8 unidades astronómicas, unos 270 millones de kilómetros de distancia. No hay riesgo alguno: incluso en su punto más próximo se mantendrá a más del doble de la distancia que separa a la Tierra del Sol.
Este cometa ha capturado la atención de la comunidad científica porque no es un objeto cualquiera. Es apenas el tercer visitante interestelar identificado en la historia, después de ‘Oumuamua y el cometa 2I/Borisov. Su origen está fuera del sistema solar y su presencia aquí es producto de una larga travesía cósmica que pudo haber durado millones o incluso miles de millones de años. La NASA detalla que tiene un núcleo helado y una coma brillante —una nube de polvo y gas que se forma cuando un cometa se acerca al Sol—, características que confirmaron su clasificación como cometa.
Una de sus peculiaridades es su trayectoria hiperbólica, que revela que no está ligado gravitacionalmente al Sol. Es decir, entró al sistema solar, pasa cerca de la Tierra y seguirá su camino hacia el espacio interestelar sin regresar jamás. Su visita es única e irrepetible.
Cómo observar el cometa 3I/ATLAS el 19 de diciembre
Aunque se encuentra a gran distancia, el 3I/ATLAS será visible antes del amanecer durante varias semanas y hasta la primavera de 2026. No requiere equipo sofisticado:
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Binoculares 10×50, ideales para observación astronómica.
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Telescopios pequeños o tipo dobsoniano, de fácil operación y gran capacidad de captación de luz.
Quienes prefieran una guía visual pueden usar la simulación Eyes on the Solar System de la NASA, que muestra su posición en tiempo real y permite seguir su trayectoria completa.
Un visitante con historia propia
Aunque aún se investiga su origen exacto, se cree que surgió en un sistema estelar lejano. En algún momento, probablemente por interacción gravitacional con otra estrella o planeta gigante, fue expulsado al espacio interestelar. Desde entonces viajó sin rumbo fijo hasta cruzar la frontera del sistema solar, donde fue detectado por primera vez.
Su paso ofrece una oportunidad científica valiosa para estudiar materiales que no se formaron junto al Sol ni bajo las mismas condiciones que los cometas tradicionales. Cada fragmento de su estructura podría contener pistas sobre la evolución de otros sistemas planetarios.
Una ventana temporal para disfrutarlo
El paso del 3I/ATLAS no solo es una curiosidad astronómica: es un recordatorio de que nuestro sistema solar es parte de un vecindario más grande e impredecible. Su presencia fugaz nos permite observar, por un instante, un viajero que nunca volverá.

































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