Por Juan Pablo Ojeda
La vicepresidenta ejecutiva de Venezuela, Delcy Rodríguez, asumió este lunes 5 de enero de 2026 como presidenta encargada del país, dos días después de la captura de Nicolás Maduro y su esposa, la diputada Cilia Flores, por fuerzas estadounidenses durante una serie de ataques registrados en Caracas y en tres estados cercanos.
Rodríguez fue juramentada por el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, su hermano, en un acto transmitido por la televisión estatal. Con ello, se convirtió en la primera mujer en la historia de Venezuela en encabezar el Poder Ejecutivo. En su mensaje, afirmó que no descansará “ni un minuto” para garantizar la paz y preservar la estabilidad del país en lo que calificó como “horas terribles de amenazas”.
Durante su discurso, la mandataria interina denunció que Maduro y Flores son “rehenes” en Estados Unidos y calificó su detención como una “agresión militar ilegítima” contra Venezuela. Aseguró que su gobierno buscará mantener la soberanía nacional y ofrecer estabilidad política, seguridad y bienestar social a la población.
La designación de Delcy Rodríguez se dio tras una convocatoria del Tribunal Supremo de Justicia, que le confirió el mando provisional. En sus primeras acciones, ya encabezó un consejo de ministros y anunció la creación de una comisión especial para gestionar la liberación de Maduro y Flores, integrada por su hermano y por hijos del exmandatario.
Además, Rodríguez dio a conocer una propuesta dirigida a Washington para abrir una “agenda de cooperación” bilateral, en medio de un escenario de alta tensión diplomática. Esta iniciativa se produce luego de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, exigiera “acceso total” a Venezuela en términos de recursos naturales y dejara abierta la posibilidad de reabrir la embajada estadounidense en Caracas.
En paralelo, Maduro y Cilia Flores comparecieron este lunes ante un tribunal federal en Nueva York, donde se declararon no culpables de todos los cargos. El exmandatario enfrenta acusaciones por conspiración de narcoterrorismo, tráfico internacional de cocaína, posesión de armas de guerra y vínculos con organizaciones consideradas terroristas por Estados Unidos.
La crisis política en Venezuela entra así en una nueva fase, marcada por un gobierno interino, presiones internacionales y un futuro inmediato aún incierto para el país sudamericano.

































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