Por Juan Pablo Ojeda
La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, anunció que su gobierno buscará retomar el diálogo con el nuevo mandatario peruano, José María Balcázar, con el objetivo de avanzar en el proceso de asilo político de Betssy Chávez y revisar la situación del expresidente Pedro Castillo.
Durante la conferencia matutina del 20 de febrero, la jefa del Ejecutivo recordó que México ha sostenido desde el inicio una postura clara sobre la crisis política peruana: considera que la detención de Castillo no tuvo una justificación estrictamente jurídica, sino que estuvo marcada por factores políticos. “Los motivos de su destitución, aun cuando fue el Congreso, tenían que ver más con motivos políticos que por otra cosa”, expresó.
Sheinbaum subrayó que Castillo se dirigía a la Embajada de México en Lima cuando fue detenido, hecho que detonó la ruptura de relaciones diplomáticas entre ambos países en diciembre de 2022. Aclaró que la posición mexicana respondió a principios históricos de política exterior, particularmente en materia de asilo, y que no buscaba intervenir en la vida interna de Perú.
El punto central ahora es la situación de Betssy Chávez, quien permanece en la sede diplomática mexicana en Lima, actualmente bajo resguardo de Brasil. México le otorgó asilo, pero el gobierno peruano no ha concedido el salvoconducto necesario para que pueda salir del país y viajar a territorio mexicano.
Con la llegada de un nuevo gobierno en Perú, la presidenta mexicana confía en que se abra una ventana para destrabar el caso. “No se ha podido dar el salvoconducto para que pudiera llegar a México, entonces ahora con el nuevo presidente vamos a retomar para ver si se puede dar esta autorización”, señaló.
La eventual normalización de las relaciones diplomáticas dependerá, dijo, de la voluntad del gobierno peruano. México, por ahora, mantendrá su postura institucional y esperará a que Balcázar asuma formalmente el cargo para definir los pasos a seguir.
El trasfondo es más amplio que un caso individual. Está en juego la recomposición de una relación bilateral que se fracturó tras una de las crisis políticas más profundas en Perú en años recientes. Para México, el principio de asilo es parte de su tradición diplomática; para Perú, el episodio fue interpretado como una injerencia.
En ese equilibrio delicado se moverán las próximas conversaciones. El restablecimiento pleno de relaciones no solo implicaría el regreso de embajadores, sino también la reconstrucción de canales políticos y comerciales que quedaron congelados desde finales de 2022.
































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