Por: Bruno Cortés / Maya Comunicación Ciudad de México, 3 de enero de 2026.
La incertidumbre que reinaba en las primeras horas de este sábado se disipó con una declaración contundente desde Mar-a-Lago. El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, confirmó a través de su red social Truth Social que fuerzas militares estadounidenses ejecutaron con éxito una «operación brillante» en suelo venezolano, resultando en la captura y extracción del presidente Nicolás Maduro y de su esposa, Cilia Flores. «El dictador ha sido removido. Venezuela es libre», sentenció el mandatario republicano, marcando un hito en la geopolítica hemisférica que ha dejado al mundo en vilo.
El operativo, descrito por fuentes del Pentágono como una incursión de «alta precisión», se desarrolló bajo el manto de la noche en Caracas. Residentes de la capital venezolana reportaron múltiples explosiones y el sobrevuelo de aeronaves a baja altura en las inmediaciones de Fuerte Tiuna, el complejo militar más resguardado del país. Según los primeros reportes, un equipo del Delta Force habría asegurado al líder chavista sin que sus anillos de seguridad pudieran repeler el asalto, trasladándolo de inmediato fuera del territorio nacional hacia una ubicación segura bajo custodia federal estadounidense.
La reacción del chavismo no se hizo esperar, aunque denota el caos institucional tras el vacío de poder. Vladimir Padrino López, Ministro de la Defensa, calificó el hecho como una «agresión imperialista criminal» y declaró el estado de conmoción interna, ordenando el despliegue de tropas en las calles. Por su parte, la vicepresidenta Delcy Rodríguez exigió «fe de vida» inmediata, denunciando ante la comunidad internacional lo que consideran un secuestro de Estado.
En el tablero internacional, las piezas se mueven con cautela y asombro. Mientras la Unión Europea ha hecho un llamado a la contención y al respeto del derecho internacional, el Kremlin condenó enérgicamente la acción. Moscú advirtió que la violación de la soberanía venezolana es «inaceptable», tensando aún más la cuerda diplomática entre las potencias. Sin embargo, en Washington, la narrativa es de victoria: la recompensa de 50 millones de dólares y los cargos por narcoterrorismo que pesaban sobre Maduro han culminado en esta detención, cumpliendo una de las promesas más agresivas de la segunda administración Trump.

































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