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Buscan castigar con cárcel el robo de identidad con IA en México

Por Bruno Cortés

 

En la Cámara de Diputados ya empezó el debate que tarde o temprano tenía que llegar: cómo ponerle un alto a quienes usan la inteligencia artificial para robar identidades, clonar rostros, falsificar voces y cometer fraudes sin mover un dedo. El diputado Alan Sahir Márquez Becerra, del PAN, presentó una iniciativa para reformar el Código Penal Federal y convertir este tipo de robo de identidad en un delito grave, con penas que irían de cuatro a diez años de prisión y multas que podrían alcanzar hasta mil días de salario. En pocas palabras: que quien use IA para hacerse pasar por otra persona pague caro.

La propuesta crea una nueva fracción en el artículo 11 Bis y un capítulo completo sobre “robo de identidad” dentro del Código Penal. Ahí se establece que el delito aplica para cualquier persona que obtenga, posea, use, manipule o transfiera datos personales, imágenes, videos, audios o cualquier elemento identificativo a través de IA o tecnologías digitales, sin consentimiento de la víctima y con el fin de suplantarla. Y si esa suplantación se usa para cometer fraudes, generar desinformación o dañar la reputación de alguien mediante clonación digital de su rostro o voz, la pena aumentaría todavía más.

La iniciativa también contempla que la multa por daños sería de 400 a 600 veces la UMA, además de ordenar la eliminación inmediata del contenido manipulado. Es decir, no sólo se castigaría al responsable, sino que se buscaría borrar las huellas digitales del delito lo antes posible.

El mensaje político detrás de esta propuesta es claro: el Código Penal se quedó corto para enfrentar una realidad donde la inteligencia artificial hace posible cosas que hace apenas cinco años parecían ciencia ficción. Antes, cuando se hablaba de robo de identidad, se pensaba en documentos falsos o firmas alteradas; ahora hablamos de deepfakes, voces clonadas y estafas que pueden vaciar cuentas bancarias en minutos. Por eso el diputado argumenta que la ley debe actualizarse al ritmo de la tecnología, porque hoy cualquiera puede ser víctima sin siquiera darse cuenta.

El documento también explica las distintas trampas digitales que ya son comunes: el smishing, cuando llega un mensaje de texto con un enlace fraudulento; el phishing, el clásico correo o página falsa que se hace pasar por tu banco; el vishing, donde te llaman haciéndose pasar por un ejecutivo bancario; y el pharming, que te redirige a páginas falsas mediante ventanas emergentes. Todos estos mecanismos son la antesala perfecta para usar IA y llevar la suplantación al siguiente nivel.

Márquez Becerra sostiene que, si bien la inteligencia artificial es una herramienta con enorme potencial, también puede ser usada para violar derechos. Por eso insiste en que la innovación debe ir acompañada de responsabilidad y reglas claras. La idea es simple pero contundente: la tecnología debe servir para avanzar, no para abrir nuevos espacios de abuso, fraude y violencia digital. La reforma ya fue turnada a la Comisión de Justicia y, si avanza, podría convertirse en uno de los primeros intentos serios del Congreso por regular el uso dañino de la IA en la vida cotidiana.

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