Por Juan Pablo Ojeda
En el Senado mexicano, donde se supone que se discuten y aprueban leyes que impactan directamente en la vida diaria —desde impuestos hasta programas sociales—, un tema está generando ruido: las ausencias de los propios legisladores.
De acuerdo con datos recopilados por la revista Proceso, en los primeros dos años de la actual legislatura se han registrado 181 faltas injustificadas entre 67 senadores de distintos partidos. Es decir, no se trata de casos aislados, sino de una práctica bastante extendida dentro de la Cámara alta.
El nombre que más destaca en esta lista es el de Alejandro Moreno Cárdenas, conocido como “Alito”. El dirigente nacional del PRI encabeza el registro con al menos siete u ocho inasistencias sin justificar en este periodo. Si se suman también sus faltas justificadas, su nivel de ausencias lo coloca bajo un reflector aún más fuerte, sobre todo por su doble papel como senador y líder partidista.
Pero el tema no se queda en una sola persona. A nivel de bancadas, el PAN aparece como el grupo con más inasistencias acumuladas. En varios casos, estas ausencias no han sido casuales, sino parte de estrategias políticas: legisladores de oposición han optado por no asistir a sesiones como forma de protesta frente a decisiones impulsadas por la mayoría oficialista.
Aquí vale la pena aterrizarlo: cuando un senador no se presenta, no sólo deja su asiento vacío, también deja de votar leyes, reformas o decisiones clave. Y aunque existe una sanción económica —se les descuenta un día de salario por cada falta injustificada—, esto no necesariamente frena el comportamiento.
El problema de fondo es más amplio. Cuando 67 legisladores acumulan faltas sin justificar, se abre la pregunta sobre el compromiso real con su función pública. Más aún cuando algunas de estas ausencias coinciden con debates importantes, donde su participación podría cambiar el rumbo de una votación.
En términos de políticas públicas, esto pega directamente en la calidad de las decisiones. Un Congreso con ausencias constantes puede volverse menos representativo y menos efectivo, justo en momentos donde se discuten reformas que afectan a millones de personas.
El caso de Alito Moreno termina siendo simbólico: no sólo por encabezar la lista, sino porque refleja una tensión más grande entre la responsabilidad legislativa y las dinámicas políticas que hoy marcan el ritmo en el Senado.
