Por Bruno Cortés
En un Congreso donde muchas caras se repiten desde hace años, el diputado Ricardo Monreal Ávila lanzó un mensaje poco común desde la tribuna: México necesita nuevos liderazgos y esos liderazgos tienen que venir de las y los jóvenes. No lo dijo como consigna, sino como diagnóstico. Para él, una parte importante de la clase política ya cumplió su ciclo y es momento de entregar la estafeta, aunque a algunos les cueste trabajo soltarla.
El mensaje lo dio al inaugurar el Modelo Parlamento Universitario de la Universidad Nacional Rosario Castellanos en la Cámara de Diputados, un ejercicio que busca acercar a estudiantes al funcionamiento real del Poder Legislativo. La idea es simple pero poderosa: que los jóvenes no solo opinen de política desde fuera, sino que la vivan desde dentro, debatan, propongan leyes y entiendan cómo se toman las decisiones que afectan al país.
Durante este ejercicio, las y los estudiantes asumirán el papel de diputadas y diputados por un día. Van a discutir temas de la agenda nacional, presentar iniciativas y someterlas a debate, como ocurre en la vida parlamentaria real. Para Monreal, este tipo de experiencias son clave para despertar vocaciones y romper la idea de que la política es un terreno exclusivo de unos cuantos.
Pero el mensaje no se quedó en lo simbólico. El coordinador de Morena habló de los retos concretos que vienen para México, especialmente en materia económica. Mencionó la revisión del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá, un tema que impacta directamente en el empleo, las exportaciones y el crecimiento del país. Frente a ese escenario, planteó que México no puede depender de un solo mercado y debe ampliar su mirada hacia Europa, América Latina y Asia.
En términos sencillos, lo que dijo es que diversificar el comercio es como no poner todos los huevos en la misma canasta. Si un mercado se complica, el país debe tener otras opciones para seguir creciendo. Y para enfrentar decisiones de ese tamaño, insistió, se necesita gente preparada, con formación académica sólida y visión de largo plazo.
Monreal cerró con una defensa clara del servicio público como una vía legítima para servir a la sociedad. Para él, entrar a la política no debería verse como algo negativo, sino como una forma de defender causas, comunidades e ideas. Su llamado fue directo: México necesita a sus jóvenes, no solo como espectadores, sino como protagonistas del futuro político, económico y social del país.
































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