Por Bruno Cortés
En medio del ruido político que viene desde Washington, el diputado José Narro Céspedes puso las cosas en términos simples: atacar el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá no es una jugada inteligente para nadie. Al contrario, dijo, es como “dispararse al pie”, porque el acuerdo no solo sostiene fábricas y empleos en México, sino también en Estados Unidos y Canadá. Cuando se golpea al tratado, se lastima a toda la región, no se fortalece a un solo país.
La idea central que planteó es fácil de entender incluso para quien no sigue la política de cerca. Hoy las economías de los tres países están tan entrelazadas que lo que pasa en uno se siente de inmediato en los otros. Piezas que se fabrican en México cruzan la frontera para ensamblarse en Estados Unidos, regresan como productos terminados y luego se venden también en Canadá. Romper esa cadena, advirtió, significa encarecer productos, perder empleos y generar incertidumbre.
Desde su punto de vista, las recientes declaraciones del presidente estadounidense Donald Trump no van por ahí. Narro Céspedes acusa que se trata más bien de una estrategia de presión: amenazas, chantajes y discursos duros que buscan desviar la atención de problemas internos, como decisiones económicas que pueden poner en riesgo la estabilidad financiera. Para el diputado, no se trata de frases al aire ni de ocurrencias de campaña, sino de un jefe de Estado que habla incluso de intervención y condicionamientos económicos, algo que prende focos rojos.
Frente a ese escenario, sostuvo que la postura de México ha sido firme y digna. Retomó las palabras de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, quien dejó claro que las diferencias políticas no justifican jamás pedir una intervención extranjera. El mensaje, en términos sencillos, es que los desacuerdos se resuelven con diálogo y derecho internacional, no con amenazas ni fuerza.
Narro Céspedes insistió en que México cumple: produce, trabaja y respeta los acuerdos. Por eso calificó como irresponsable poner en duda un tratado que no es un favor de un país a otro, sino un acuerdo donde los tres ganan. Los números, dijo, hablan solos: el T-MEC sostiene millones de empleos en los tres países y ha convertido a México en el principal socio comercial de Estados Unidos, por encima de cualquier otra nación. Más aún, una parte importante de lo que México importa viene de empresas estadounidenses, lo que demuestra que la integración es real y profunda.
Visto sin tecnicismos, el argumento es claro: cuando se cuestiona el T-MEC se pone en riesgo el salario de trabajadores, la estabilidad de empresas y el precio de los productos que llegan a las familias. Por eso, remarcó el legislador, atacar el tratado no fortalece a nadie; debilita a toda Norteamérica.






























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