En una preocupante mutación de sus tácticas de control territorial, las facciones del crimen organizado en México, señaladamente Los Chapitos, están usurpando las funciones de seguridad y justicia del Estado mediante el uso de la aplicación de mensajería Telegram. De acuerdo con reportes periodísticos de Óscar Balderas, estos grupos operan canales y grupos donde invitan a la ciudadanía a realizar denuncias anónimas contra presuntos delincuentes que asolan sus comunidades. La estrategia, atribuida a las Fuerzas Especiales Unión —una supuesta alianza armada entre Los Chapitos y el CJNG—, se presenta bajo la fachada de «ayudar a mejorar la comunidad». Sin embargo, el mecanismo elude cualquier proceso legal y deriva en juicios sumarios donde los señalados son localizados, torturados y, en muchos casos, ejecutados basándose únicamente en la información —fotos, ubicaciones y apodos— proporcionada de manera anónima en los chats. Este sistema de «justicia narco» digital ha generado un estado de indefensión total para los habitantes en las zonas de operación. Ante la falta de una investigación policiaca real, cualquier ciudadano puede ser blanco de represalias mortales por un dicho no verificado. La investigación documenta el caso de ‘Carlos’, un hombre que fue secuestrado y torturado por sicarios tras ser delatado erróneamente en una de estas plataformas como miembro de La Mayiza, la facción rival de Ismael «El Mayo» Zambada. Óscar Balderas detalla que el uso de estas herramientas tecnológicas no se limita a la coalición Unión. El Cártel de Guasave también emplea aplicaciones de mensajería encriptada como Signal o el servicio de correo electrónico Protonmail para coordinar estas redes de informantes y ejecutar la «limpieza» de extorsionadores, ladrones o enemigos políticos dentro de sus territorios de influencia. Telegram, la plataforma rusa con más de 700 millones de usuarios activos a nivel global, se ha convertido en el refugio digital de estas organizaciones debido a su laxa moderación de contenido y la posibilidad de blindar la identidad de los administradores de los grupos. Esto representa un desafío sin precedentes para las autoridades de seguridad mexicanas, que se ven rebasadas tanto en el terreno físico como en el ciberespacio. La impunidad con la que operan estos grupos en la esfera digital se traslada directamente a las comunidades, sembrando un clima de terror y paranoia. Al centralizar y automatizar el proceso de delación, los cárteles no solo consolidan su poder militar, sino que también ejercen una forma de control social totalitario donde nadie está a salvo de ser sellado por un «dedo invisible» digital y condenado por el hampa. Compartir Comparte en Facebook (Se abre en una ventana nueva) Facebook Compartir en X (Se abre en una ventana nueva) X Enviar un enlace a un amigo por correo electrónico (Se abre en una ventana nueva) Correo electrónico Me gusta esto:Me gusta Cargando... Navegación de entradas Las razones detrás del posible adiós de Max Verstappen a la Fórmula 1 Vecinos de Tultitlán rebautizan su colonia como “Transformación de 4ta” en protesta