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Cocina sin desperdicio: claves para ahorrar y conservar alimentos

Redacción Noticias de México · 15 de julio de 2026

Organizar el refrigerador, entender las etiquetas y planear las comidas permite aprovechar la despensa y reducir gastos familiares.

Reducir el desperdicio de alimentos comienza antes de llegar al mercado y continúa hasta que el último ingrediente se convierte en una comida. Planear las compras, almacenar cada producto de manera adecuada y revisar periódicamente el refrigerador permite que las familias mexicanas aprovechen mejor su presupuesto sin comprometer la seguridad alimentaria.

Una de las medidas más efectivas consiste en elaborar un menú semanal antes de salir por la despensa. El plan debe considerar cuántas personas comerán en casa, qué días habrá poco tiempo para cocinar y cuáles ingredientes ya están disponibles. Una lista basada en ese inventario reduce las compras duplicadas y evita que una promoción termine convertida en comida olvidada.

Al regresar del súper, el mercado o el tianguis, conviene aplicar el principio de “primero en entrar, primero en salir”. Los productos con menor tiempo de conservación deben colocarse al frente, mientras que las compras nuevas pueden ir detrás. Esta rotación sencilla ayuda a identificar lo que debe consumirse primero y evita descubrimientos tardíos en el fondo del refri.

La temperatura también resulta determinante. El refrigerador debe mantenerse a 4 grados Celsius o menos, sin llenarlo hasta el tope, pues el aire frío necesita circular. Las carnes y los pescados crudos deben permanecer en recipientes cerrados y colocarse en la parte inferior para impedir que sus líquidos entren en contacto con otros alimentos.

Frutas y verduras requieren cuidados distintos. Las hojas verdes duran más cuando se guardan secas, en recipientes o bolsas con cierta ventilación y con papel absorbente para controlar la humedad. En cambio, papas, cebollas y ajos deben conservarse en lugares frescos, secos, oscuros y ventilados, pero separados entre sí para retrasar su deterioro.

Tampoco todas las frutas deben compartir espacio. Plátanos, manzanas, peras y aguacates liberan etileno, un gas natural que acelera la maduración. Mantenerlos alejados de productos sensibles, como brócoli, pepinos, lechugas y zanahorias, puede prolongar la vida útil de la compra. Si se busca madurar un aguacate, colocarlo cerca de un plátano puede acelerar el proceso.

En términos generales, es preferible lavar frutas y verduras justo antes de utilizarlas. Guardarlas húmedas puede favorecer la aparición de moho y acelerar su descomposición. Cuando se compran cortadas o se preparan con anticipación, deben refrigerarse en recipientes limpios y cerrados.

Las fechas impresas en los empaques también exigen una lectura correcta. La fecha de caducidad está relacionada con la seguridad del alimento y no debe ignorarse. La fecha de consumo preferente, en cambio, señala hasta cuándo el producto conserva mejor sus características de sabor, aroma o textura; después de ese día podría continuar siendo apto si fue almacenado correctamente, el envase permanece íntegro y no presenta señales de deterioro.

Las sobras pueden convertirse en el punto de partida de otra comida. El arroz puede integrarse en tortitas o sopas; las verduras maduras, en caldos, cremas o salsas; y la fruta muy madura, en licuados, compotas o postres. La clave es refrigerar oportunamente los alimentos cocinados, utilizar recipientes poco profundos y anotar la fecha de preparación para no perderles la pista.

Congelar también permite ganarle tiempo al calendario. Porciones de guisados, tortillas, pan, carnes, hierbas picadas y algunas frutas pueden guardarse en paquetes pequeños con nombre y fecha. Dividirlos antes de congelar facilita descongelar únicamente lo que se utilizará y evita someter todo el contenido a cambios repetidos de temperatura.

Una revisión semanal del refrigerador ayuda a detectar ingredientes próximos a vencer. Puede establecerse una “zona de consumo prioritario” con recipientes visibles que concentren las sobras y los productos maduros. Así, al abrir la puerta, la cena pendiente aparece antes que la tentación de pedir comida o comprar algo adicional.

La estrategia se completa con porciones realistas. Cocinar de más sin un destino definido aumenta la posibilidad de desperdicio. Cuando se preparan cantidades grandes, conviene separar de inmediato las raciones que se consumirán durante los días siguientes y congelar el resto.

Aprovechar mejor la despensa no depende de recetas complicadas ni de comprar equipos costosos. Un inventario breve, un refrigerador ordenado y un menú flexible permiten transformar ingredientes rezagados en nuevas comidas. En una cocina chilanga, donde cada peso y cada minuto cuentan, evitar que la comida termine en la basura también es una forma cotidiana de cuidar el bolsillo.

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