Política en Movimiento/Angélica Beltrán
CDMX a 7 de julio del 2026 (Noticias de México).– Terminó para México la Copa Mundial 2026, luego de que la selección nacional no lograra avanzar a la siguiente fase. El torneo fue un recreo para muchos: las escuelas de la SEP suspendieron clases y un alto porcentaje de las dependencias del gobierno federal y de la Ciudad de México cerraron sus ventanillas.
Pero esta suspensión futbolera no tuvo como fin real que estudiantes y empleados disfrutaran de los partidos en la comodidad de su hogar —como justificaron las autoridades—, sino despejar la capital del trajín diario.
El objetivo de fondo fue mitigar el tráfico y la demanda en el transporte público para que el turismo nacional e internacional pudiera desplazarse con mayor holgura y llegar a tiempo al Estadio Azteca. De ahí que relucieran decisiones tan criticables como el cierre del Tren Ligero a sus usuarios cotidianos; un servicio que se reservó exclusivamente para quienes se dirigían al coloso de Santa Úrsula, dejando de lado a quienes simplemente intentaban volver a sus casas.
No obstante, al concluir la etapa de euforia para la afición local —aunque la justa mundialista continuará hasta el 19 de julio—, se debe reconocer que la presidenta Claudia Sheinbaum y la jefa de gobierno Clara Brugada han cumplido, hasta el momento, con el cometido de mantener el orden y la seguridad pública.
Para lograrlo, implementaron medidas como la ley seca, el despliegue masivo de elementos policiacos y la instalación de pantallas gigantes en más de 100 sedes al aire libre. Esto último permitió desahogar los puntos de mayor concentración como el Zócalo, el Monumento a la Revolución y el Ángel de la Independencia, donde, en este último, la asistencia masiva de aficionados de todas las edades superó el millón de personas.
Al operativo futbolístico, Clara Brugada, en colaboración con alcaldes y alcaldesas, le sumó conciertos y actividades culturales en las 16 demarcaciones y en 11 municipios conurbados del Estado de México.
Con esto, la administración capitalina, se puede decir, ha entregado buenas cuentas en materia de gobernabilidad, a pesar de los augurios y las acérrimas críticas que señalaban la supuesta imposibilidad de realizar un evento de esta magnitud en el país.
Sin olvidar los cinco aficionados que perdieron la vida durante los festejos; sin embargo, sus casos quedaron lejos de la causa de la inseguridad en la Ciudad de México; sino que se trató de tres personas asfixiadas en la multitud y dos infartos, de acuerdo con el reporte de la Secretaría de Salud del gobierno capitalino.
Así, ni la inseguridad, ni el crimen organizado, ni el amago de vandalismo por parte de las bases de la CNTE lograron vulnerar el torneo. A la vez, la Selección Mexicana también cumplió con entrega y buen fútbol sobre la cancha de ese coloso que, más allá de patrocinios comerciales que hoy intentan rebautizarlo, la gente mantiene intacto su nombre de pila: el Estadio Azteca.
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