Desperdicio de alimentos: la planeación empieza antes de comprar
Reducir el desperdicio en casa empieza antes de llegar al mercado. Revisar el refrigerador y la alacena, planear algunas comidas y hacer una lista permite comprar de acuerdo con lo que realmente se consumirá.
Las fechas de los empaques no siempre significan lo mismo. Revisa las indicaciones de conservación del producto y usa el criterio sanitario recomendado; si un alimento perecedero estuvo a temperatura inadecuada, no te fíes solo de su apariencia.
Al guardar las compras, coloca al frente los alimentos que conviene usar primero y separa los crudos de los listos para comer. Mantener recipientes limpios y bien cerrados ayuda a organizar el espacio y reconocer lo que ya está disponible.
Las porciones pueden ajustarse al número de comensales y al apetito, con opción de guardar sobrantes de forma segura para otra comida. Etiquetar recipientes con su contenido y fecha facilita saber qué hay y cuándo conviene usarlo.
Congelar algunos alimentos puede alargar su conservación si se hace con recipientes adecuados y se siguen las recomendaciones del fabricante o de autoridades sanitarias. No todos los productos conservan la misma textura tras descongelarse.
Aprovechar sobras no significa consumir un alimento que huele extraño, está visiblemente alterado o se mantuvo fuera de refrigeración durante un periodo inseguro. Ante duda sobre una práctica de inocuidad, sigue las guías oficiales.
El desperdicio tiene costos para las familias y también implica recursos usados en producir, transportar y preparar comida. Medir qué termina en la basura durante una semana puede señalar qué ajuste doméstico vale la pena probar primero.
La FAO ofrece información sobre pérdidas y desperdicio de alimentos y acciones para reducirlos a lo largo de la cadena: consulta la plataforma de la FAO.



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