Hombres con sobrepeso consideran que las dietas son demasiado restrictivas y las asocian con las mujeres
Para algunos hombres, la palabra “dieta” puede ser suficiente para despertar rechazo. La relacionan con restricciones, sacrificios, alimentos prohibidos y una exigencia de fuerza de voluntad que, tarde o temprano, termina por hacerlos abandonar el intento.
Esa percepción quedó plasmada en un nuevo estudio publicado el 26 de agosto en la revista PLOS One, en el que investigadores analizaron las experiencias y opiniones de hombres británicos con sobrepeso u obesidad que habían participado en programas para bajar de peso o tenían previsto comenzar uno.
Los resultados sugieren que, para algunos de ellos, el problema no está únicamente en qué deben comer, sino también en cómo entienden el concepto de dieta.
“Creo que dieta es una palabra muy negativa porque en cuanto mencionas la palabra dieta, todo el mundo automáticamente piensa restricción, restricción, restricción”, explicó uno de los participantes.
Otro resumió su experiencia de manera todavía más directa: “La tentación suele ser lo que te rompe”.
“En cuanto empiezo a fracasar, todo se desmorona”
El estudio incluyó entrevistas con 24 hombres británicos de 30 años o más que tenían exceso de peso. Todos habían participado anteriormente en algún programa de pérdida de peso o contemplaban comenzar uno próximamente.
Los investigadores encontraron que los participantes tendían a considerar que bajar de peso requería una enorme cantidad de esfuerzo y fuerza de voluntad.
Para algunos, cualquier tropiezo podía convertirse rápidamente en una razón para abandonar todo el proceso.
“En cuanto empiezo a fracasar, simplemente me rindo mentalmente y luego todo se desmorona, y un año después lo intento de nuevo, y es solo un ciclo”, relató uno de los hombres entrevistados.
Otro describió una sensación similar: “Incluso el más mínimo contratiempo puede hacer que todo se venga abajo”.
Estas declaraciones reflejan una visión de la pérdida de peso basada en el concepto de todo o nada: seguir perfectamente las reglas significa tener éxito, mientras que comer algo fuera del plan puede percibirse como un fracaso completo.
Para los investigadores, entender estas barreras puede ser importante a la hora de diseñar programas que consigan involucrar a más hombres en estrategias de control del peso.
Algunos hombres perciben las dietas como algo femenino
Otro aspecto que llamó la atención del equipo fue la relación entre las dietas y las ideas de género.
Los participantes entrevistados tenían más probabilidades de rechazar una estrategia de pérdida de peso cuando la percibían como excesivamente orientada hacia las mujeres. En sus testimonios apareció la idea de que las mujeres prestan mayor atención a su cuerpo, su peso y su apariencia, mientras que los hombres no necesariamente se identifican con ese lenguaje.
“Siento que las mujeres prestan más atención a su cuerpo, al tamaño y a la forma de su cuerpo en comparación con los hombres”, comentó uno de los participantes.
De acuerdo con los investigadores, esta percepción puede convertirse en una barrera adicional. Si un hombre interpreta que “hacer dieta” es una actividad asociada principalmente con mujeres, podría sentirse menos identificado con los programas tradicionales de adelgazamiento.
Por eso, una de las propuestas derivadas del trabajo es modificar la manera en que se presentan estas iniciativas.
En lugar de insistir únicamente en la palabra “dieta”, los investigadores plantean que podría ser más efectivo hablar de retos personales, objetivos concretos y cambios positivos, especialmente cuando se incorporan actividades físicas, fuerza o resistencia.
Competencia, recompensas y resultados rápidos
El componente competitivo también apareció como una estrategia potencialmente atractiva.
Justin Roberts, profesor de fisiología nutricional en la Universidad Anglia Ruskin y uno de los investigadores del estudio, señaló que los programas destinados a hombres podrían beneficiarse de elementos como victorias rápidas, recompensas tempranas y cierto grado de competencia social.
La idea no sería convertir la pérdida de peso en una competición permanente, sino incorporar mecanismos que hagan más visibles los avances y mantengan la motivación.
Los investigadores plantean que esto podría incluir deportes, desafíos físicos o metas relacionadas con la fuerza y la resistencia, además de objetivos estéticos o de salud.
La estrategia parte de una observación sencilla: cuando una persona percibe rápidamente que está avanzando, puede resultar más fácil mantener el compromiso que cuando los resultados parecen demasiado lejanos.
Las parejas pueden convertirse en aliadas
El estudio también encontró un papel importante para las esposas o parejas en los esfuerzos por modificar los hábitos alimentarios.
Algunos participantes describieron cómo sus parejas ayudaban a planificar las comidas, hacer las compras o sustituir alimentos menos saludables por opciones diferentes.
“Mi mujer organiza nuestro plan de comidas”, relató uno de los hombres, quien explicó que ella también se encargaba de planificar las compras y preguntarle qué quería comer durante los siguientes días.
Otro participante destacó el efecto de tener alternativas saludables disponibles en casa: “Los aperitivos que me compra son manzanas en lugar de bombones y cosas así. Eso es la mitad de la batalla”.
Para los investigadores, estos testimonios sugieren que el entorno cotidiano puede desempeñar un papel importante. No depender exclusivamente de la fuerza de voluntad individual y contar con alguien que ayude a organizar las comidas podría facilitar la adopción de nuevos hábitos.
Por esa razón, Roberts considera que los programas dirigidos a parejas podrían resultar especialmente útiles, al igual que aquellos que incorporen un compañero de objetivos o un mentor.
El estudio no significa que todos los hombres piensen igual
Los investigadores advierten que todavía se necesita más trabajo para conocer mejor estas percepciones. El estudio se realizó con solo 24 hombres, todos procedentes del Reino Unido, por lo que sus resultados no pueden extrapolarse automáticamente a todos los hombres con sobrepeso u obesidad.
Aun así, las entrevistas permiten identificar algunas barreras que pueden pasar desapercibidas cuando los programas de pérdida de peso se concentran exclusivamente en recomendaciones nutricionales.
La investigación plantea que modificar el lenguaje podría ser tan relevante como modificar el contenido de los programas. Para algunos hombres, abandonar la idea de una dieta basada en prohibiciones y presentarla como un reto personal con objetivos alcanzables, actividad física y apoyo social podría hacer que el proceso resulte menos intimidante.
Más que encontrar una fórmula universal para que los hombres pierdan peso, el estudio pone sobre la mesa una pregunta importante: ¿qué ocurre cuando una persona no se identifica con la manera en que se le está ofreciendo ayuda?
Responderla podría permitir desarrollar estrategias de control del peso que no dependan únicamente de la restricción o de la fuerza de voluntad, sino que también tomen en cuenta la motivación, el entorno familiar y la manera en que cada persona entiende el cambio de hábitos.



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