Por Bruno Cortés En el Congreso, las diputadas de Movimiento Ciudadano Claudia Gabriela Salas Rodríguez y Amancay González Franco pusieron sobre la mesa una propuesta que conecta directamente con la vida diaria de millones de estudiantes: preparar a las escuelas para reaccionar ante emergencias médicas en tiempo real. La iniciativa busca algo muy concreto pero de alto impacto: que maestras, maestros y personal escolar estén capacitados en primeros auxilios y resucitación cardiopulmonar (RCP). En pocas palabras, que quien esté más cerca de una emergencia sepa qué hacer en esos minutos críticos donde literalmente se define la vida o la muerte. Para entender la importancia, hay que aterrizarlo: cuando un niño o adolescente sufre un paro cardiorrespiratorio, cada minuto cuenta. Después de 10 minutos sin intervención, el daño cerebral puede ser irreversible. Y aquí está el problema de fondo: en la mayoría de los casos en escuelas, quienes están presentes no tienen la preparación necesaria para actuar antes de que llegue una ambulancia. Por eso, la propuesta plantea modificar la Ley General de Educación para que el Estado no solo promueva, sino que garantice esta capacitación. Es decir, que no dependa de la buena voluntad de cada escuela, sino que sea una política pública obligatoria, con certificación incluida. El enfoque también va más allá de reaccionar ante emergencias. La idea es incorporar esta formación desde las escuelas normales y centros de formación docente. Así, los futuros maestros ya llegarían a las aulas con estas habilidades, en lugar de aprenderlas después —o nunca. El diagnóstico que presentan las legisladoras es fuerte: más del 85 por ciento de los casos de paro cardiorrespiratorio en planteles escolares terminan en fallecimiento, en gran parte porque no hay intervención inmediata. Y esto no siempre se debe a causas cardíacas como en adultos; en menores, muchas veces se relaciona con problemas respiratorios, atragantamientos, asma o incluso golpes. Desde la lógica de política pública, esto es clave porque cambia el enfoque del sistema: pasar de esperar a que llegue la ayuda médica, a tener una primera respuesta dentro de la propia escuela. Además, la evidencia internacional muestra que cuando una persona cercana aplica RCP de inmediato, las probabilidades de sobrevivencia pueden duplicarse o incluso triplicarse. La iniciativa también abre la puerta a incorporar el uso de desfibriladores automáticos (DEA), equipos que pueden marcar la diferencia en casos críticos, pero que hoy no son comunes en la mayoría de las escuelas del país. En el fondo, lo que están planteando las diputadas es una política preventiva con impacto directo en la seguridad de niñas, niños y adolescentes. No es una reforma compleja en términos administrativos, pero sí implica inversión, capacitación y coordinación entre autoridades educativas y de salud. El mensaje es claro: la sobrevivencia de un estudiante no debería depender del azar ni del tiempo que tarde una ambulancia. Y si esta propuesta avanza, las escuelas podrían convertirse en espacios no solo de aprendizaje, sino también de respuesta inmediata ante emergencias. Compartir Comparte en Facebook (Se abre en una ventana nueva) Facebook Compartir en X (Se abre en una ventana nueva) X Me gusta esto:Me gusta Cargando... Navegación de entradas Verónica Martínez propone acompañamiento en parto para mujeres Irán plantea jugar en México ante tensión rumbo al Mundial 2026