En el Congreso mexicano se está moviendo una de esas piezas que, aunque suenan lejanas, afectan directamente cómo se investiga un delito, cómo se persigue a un criminal y qué tan protegido se siente cualquier ciudadano cuando algo sale mal. El Senado ya inició el proceso para elegir a la próxima persona titular de la Fiscalía General de la República (FGR), un cargo que no es menor: es, en términos simples, quien debe asegurarse de que la justicia funcione sin deberle favores a nadie.
Desde San Lázaro, la presidenta de la Mesa Directiva, Kenia López Rabadán, mandó un mensaje claro: esta decisión es de “máxima relevancia” para el Estado de derecho. Traducido al lenguaje de la calle, lo que está diciendo es que la elección del fiscal no se puede tomar a la ligera, porque ahí se define si la FGR será una institución que realmente investigue con independencia o una que se mueva según la voluntad del poder en turno.
López Rabadán insistió en que el proceso debe hacerse con profesionalismo, escuchando a todas las voces y, sobre todo, poniendo por delante el interés de la justicia. No se trata de quedar bien con partidos, con grupos o con figuras políticas, sino de blindar a la fiscalía para que juegue el papel que la Constitución le asigna: defender a las víctimas, perseguir delitos con rigor técnico y operar sin presiones externas.
La diputada presidenta lo planteó de forma sencilla: México necesita a alguien que garantice que toda persona que haya sufrido un delito tenga a una fiscalía que la respalde de verdad. No como un trámite, no como una promesa vacía, sino como una institución capaz de investigar con seriedad y de llevar los casos ante jueces con evidencia sólida. En pocas palabras, un fiscal que funcione como un contrapeso real, indispensable para un país que aspira a vivir en paz y sin violencia.
Mientras el Senado avanza en entrevistas, análisis de perfiles y negociaciones internas, en la Cámara de Diputados se manda el recordatorio: la justicia no es un discurso, es una política pública que se construye con decisiones responsables. Y la elección del próximo titular de la FGR es una de ellas.

































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