Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza|

CDMX 19 de octubre del 2020.-“Actuar juntos para lograr justicia social y medioambiental para todas las personas” debiera no sólo ser el lema del Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza 2020, sino una búsqueda tenaz de todos y cada uno de los seres humanos, porque nuestro bienestar está vinculado al de las demás personas.

Lo anterior es necesario cuando también se conmemora el Año Internacional para Erradicar la Pobreza Rural en Pro de la Agenda de Desarrollo Sostenible, porque el aumento de la desigualdad es perjudicial para el crecimiento económico y socava la cohesión social, lo que incrementa las tensiones políticas y sociales y, en algunos casos, impulsa la inestabilidad y los conflictos, advierte la Organización de las Naciones Unidas.

El Banco Mundial revela que más de 783 millones de personas, es decir, el 10% de la población mundial, vive por debajo del umbral de pobreza internacional, con 1,90 dólares diarios, con dificultades para satisfacer las necesidades más elementales: salud, educación y acceso al agua y saneamiento, por citar sólo algunas.

Aunque la mayoría de las personas que sobreviven con menos de dos dólares al día residen en el África subsahariana, en todo el mundo crecen los índices de pobreza en las áreas rurales, donde llegan al 17.2 %; más del triple de los mismos índices para las áreas urbanas.

En esas regiones, incluso a las personas empleadas el salario que recibían en 2018 no les garantizaba una vida digna, pues el 8% de los trabajadores de todo el mundo y sus familias presentaban una situación de extrema pobreza, lo que impacta a uno de cada cinco niños, por lo que garantizar la protección social de todos los infantes y otros grupos vulnerables resulta crucial.

El anhelo de erradicar la pobreza lo condensa el reto de alcanzar el primer Objetivo de Desarrollo Sostenible, que es nada menos que «poner fin a la pobreza en todas sus formas y en todo el mundo», lo que es posible si actuamos de manera colectiva.

La conmemoración 2020 aborda el desafío de lograr la justicia social y medioambiental para todas las personas, porque es apremiante reconocer la multidimensionalidad de la pobreza al estar ligados de manera indisoluble ambos elementos, ya que la justicia social no puede realizarse plenamente sin abordar simultáneamente y de manera drástica las injusticias medioambientales, señala la ONU.

Esto es importante destacarlo, porque si bien se ha avanzado en la lucha contra la pobreza económica, otras dimensiones importantes de la pobreza como el creciente impacto medioambiental han tenido menos consideración a nivel global.

Paradójicamente, quienes viven en extrema pobreza, a menudo por mera necesidad, son los primeros en actuar de manera concreta dentro de sus comunidades en respuesta a la misma, al cambio climático y los desafíos medioambientales.

No obstante, sus esfuerzos y experiencia suelen pasar desapercibidos y no se aprecian; no se toma en consideración su capacidad para contribuir positivamente a la búsqueda de soluciones ni se les reconoce como impulsores del cambio y sus voces no se escuchan, especialmente en los órganos internacionales.

Se plantea hacer un cambio y valorar y respetar la participación, conocimientos, contribuciones y experiencia de las personas en situación de pobreza, así como reflejar en nuestros esfuerzos el afán de construir un mundo equitativo y sostenible en el que haya justicia social y medioambiental para todas las personas.

La pandemia de COVID-19 agudiza la situación de pobreza, y son los países en desarrollo los que corren más riesgo durante y después de la pandemia, no sólo en términos de crisis sanitaria, sino de crisis sociales y económicas devastadoras durante los próximos meses y años.

El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) pronostica pérdidas por más de 220, 000 millones de dólares en los países en desarrollo, y calcula que el 55 % de la población mundial no tiene acceso a protección social, lo que repercutirá en todas las sociedades y afectará la educación, los derechos humanos y, en los casos más graves, la seguridad alimentaria y la nutrición básicas.

Para ayudar a la población más pobre y vulnerable, las Naciones Unidas han elaborado un marco para la respuesta socioeconómica inmediata al COVID-19, con el que apelan a ampliar de manera extraordinaria el apoyo internacional y el compromiso político para garantizar que personas de todo el mundo tengan acceso a servicios esenciales y a protección social.

El Fondo de las Naciones Unidas de Respuesta al COVID-19 y Recuperación aspira a ayudar en especial a los países de ingresos bajos y medianos, así como a grupos vulnerables que están soportando de manera desproporcionada los efectos socioeconómicos de la pandemia, con impacto en los más pobres.

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