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16 Agosto, 2018

Días de Otoño


Reseña cinematográfica

Eduardo Martinez Salinaseña Cinematográfica

*Una despedida a la esperanza y un saludo al olvido

CDMX a 7 de noviembre, 2017 (Noticias México).- Estos días de otoño, cuando pareciera que fue ayer cuando era primavera pero estamos más cerca de la nevada, es cuando uno se pone a reflexionar acerca de todo lo que hizo en el año; y todo lo que pudimos haber hecho, pensar en eso me puso muy melancólico, triste y sin esperanza de lograr algo que no pude hacer en 10 meses, como dijo alguna vez Pina Pellicer en “Dias de Otoño”:

“Si no podemos amar viendo que la noche avanza,

Celebremos una alianza con ese sueño mentido.

Un día acabará el olvido o acabará la esperanza.”

Ese es el motivo por el que elegí hablar de esta película de 1963, dirigida por Roberto Gavaldón, que tal vez lo conozcan por su icónica película “Macario”. Esta vez Gavaldón nos trae la historia de “Frustration” de Bruno Traven, mismo escritor de “Macario”. Obsequiándonos una verdadera joya olvidada del cine mexicano, destacando por su peculiar y poco explorado tema en México, el drama psicológico.

La historia comienza con una joven enigmática llamada Luisa (Pina Pellicer), que lleva al D.F a trabajar en una pastelería, desde  el principio nos damos cuenta que tiene una gran imaginación, amabilidad y especial cariño a los niños, pero es muy introvertida al grado de estar muy apartada del mundo.

Esto despierta la curiosidad de sus amigas y compañeras que siempre le hacen preguntas como: ¿Tienen Novio? ¿Para cuándo lo tienes?; o simplemente la presión de que todas ellas tienen uno y ella no. Así que decide inventarle sus amigas que ya tiene uno, cosa que también utiliza para evitar que la intente conocer y llevarse mejor con su jefe (Ignacio López Tarso): un padre soltero, buena persona, cortés y preocupado por ella.

Ella misma sigue mintiendo y mintiéndose, creándose una vida que le gustaría tener. El problema es cuando ella misma comienza a creerse su mentira; basando su vida y sus actos en una fantasía.

La película mexicana más hitchconiana.

El cine de oro mexicano siempre se ha caracterizado por representar casi siempre la vida de los ranchos, de los pueblos, los dilemas de los rancheros, comedias románticas y dramas para llorar; pero esta ha sido la primera vez que me encuentro con una película que retrata sin exageraciones lo que era la vida en México a finales de los 50’s: una ciudad recién modernizada.

Mi sorpresa fue mayor cuando lo que parecía una película de amor en verdad es un juego mental entre la protagonista y tú, viendo como poco a poco las mentiras la transforman sin saber realmente cuál será su siguiente paso.

Los planos más cerrado de Gabriel Figeroa desde “Los Olvidados”

La fotografía fue un gran pilar para la inmersión de esta historia, pues Gabriel Figueroa decide salir de su zona de confort dejando a un lado sus amplias visiones y su imponente fotografía; cosa que no había hecho fuera de la dirección de Luis Buñuel.

La película cuenta una fotografía con planos muy poco abiertos pero muy delicados: cuartos pequeños con pequeños juguetes, primeros planos en el momento oportuno, calles oscuras con luces que la mantiene viva, callejones cortos pero con mucho que decir, sombras que iluminan el camino; generando la sensación de inmovilidad que tiene la protagonista en toda la película, haciendo que nunca perdamos el foco de lo realmente importante de la película, Luisa.

A pesar una fotografía bastante minimalista, tengo que destacar una hermosa visión a lo que era la Ciudad de México, iniciando en la antigua terminal de trenes en Buenavista, un gran centro comercial en la colonia del Valle y la peculiar vista al edificio del Moro que pareciera que a pesar de los años sigue igual.

El turno para que Pina Pellicer se pudiera lucir.

Después del éxito que fue “Macario”, no fue sorpresa que Gavaldón quisiera traer de nuevo a casi todo el crew de esa producción a “Días de Otoño”, incluso a Ignacio López Tarso que se había llevado las palmas por su interpretación de indio humilde y sencillo, dejando a un poco opacada a Pina Pellicer quien había hecho el performance de su esposa. En esta película se invierten los papeles, teniendo a Ignacio en el reparto y centrándonos en Pina.

Comenzare diciendo que la elección de Pina como Luisa fue la mejor, y quizá piense esto por la delicadez que tenía la actriz, aparatando del temple de acero de María Felix y la sensualidad y carisma de Silvia Pinal. Pina logra que en ningún momento dudes de que es una muchacha inocente que se oculta y se protege del mundo, pero que esta enamorada de sus sueños, como cuando ella juguetonamente anda por todos lados en su cuarto; a lo callada y reservada cuando alguien trata de platicar con ella.

En definitiva, Días de Otoño” es una de las más originales películas mexicanas, y lamentablemente no tiene el reconocimiento que debería. Siendo un claro ejemplo de que no se necita mucho para crear una historia atrapante y a la vez bastante reflexiva, que debería servir de ejemplo para futuras producciones mexicanas e inspiración para creadores independientes.

o-o-o

 

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