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De la «hierba» al «pasto verde»: Cuando la marihuana tuvo que cambiarse el nombre

Redacción Noticias de México · 11 de septiembre de 2026

Angélica Beltrán, Noticias de México

CDMX a 11 de septiembre del 2026 (Noticias de México).- Hubo una época —especialmente en los convulsos años 60 y 70— en que pronunciar la palabra marihuana en voz alta en la calle, en la radio o cerca de la policía era casi una invitación con boleto pagado al calabozo. Entre la estigmatización social, la prohibición estricta y el celo de la censura, los entusiastas del consumo recreativo de esta planta verde, café o gris (compuesta por hojas, tallos, semillas y flores del Cannabis sativa) tuvieron que ponerse creativos. Y vaya que lo lograron.

Para esquivar la mirada vigilante de las autoridades, nació un verdadero código secreto urbano. Decir que ibas a comprar marihuana era un suicidio social; en su lugar, la gente iba a «cortar el pasto», buscar un poco de hierba o reunirse con María. Si estabas en México, podías referirte a ella como la mota, el monte, el moy o el mafú. Los apodos no solo despistaban a los transeúntes, sino que creaban una suerte de complicidad entre quienes compartían el hábito. De pronto, una conversación sobre «ir a arreglar el jardín» podía ser, en realidad, la logística para una fiesta de fin de semana.

Esta gimnasia lingüística no se quedó únicamente en el spanglish o en la jerga callejera (en Estados Unidos se llegaron a contabilizar más de 200 nombres para la misma planta, desde weed y pot hasta Mary Jane). La necesidad de bautizar a la hierba con nombres clave traspasó fronteras y permeó directamente en las expresiones artísticas y contraculturales de la época.

La literatura no fue la excepción. Diversos autores se aventuraron a registrar este submundo donde el consumo recreativo y el lenguaje cifrado iban de la mano. Un caso emblemático en México es la novela Pasto Verde (1968), de Parménides García Saldaña. Enmarcada en la llamada Literatura de la Onda, la obra no solo toma su título de uno de los eufemismos más populares de la época, sino que capta con fidelidad el espíritu rebelde, la música rock, el desencanto juvenil y la psicodelia de los años sesenta, donde el «pasto» era un personaje más en las andanzas de sus protagonistas.

A nivel internacional, obras como Las puertas de la percepción (1954) de Aldous Huxley —aunque enfocada en la mescalina— o los escritos de la Generación Beat con autores como Jack Kerouac (En el camino) y William S. Burroughs, abrieron brecha para explorar los estados alterados de conciencia e influyeron en la narrativa hispanoamericana. Décadas después, el mismo uso recreativo e irreverente reaparecería en crónicas e historias urbanas de autores contemporáneos que retratan la juventud y sus rituales.

Hoy, aunque el panorama legal y social ha cambiado drásticamente en muchas partes del mundo, aquel diccionario clandestino de los años 60 y 70 permanece como un testimonio divertido de cómo el ingenio humano siempre encuentra formas de florecer, incluso cuando intenta esconderse bajo el pasto.

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